Lunes · Septiembre 14, 2026
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Halachó merece respeto y dignidad

Hoy, al regresar a Halachó, mi tierra natal, lo hice con la ilusión de siempre: reencontrarme con sus calles, su gente y sus tradiciones. Sin embargo, bastaron unos minutos para toparme con una realidad que duele y preocupa profundamente. El estado alarmante en el que se encuentr

Halachó merece respeto y dignidad
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Hoy, al regresar a Halachó, mi tierra natal, lo hice con la ilusión de siempre: reencontrarme con sus calles, su gente y sus tradiciones. Sin embargo, bastaron unos minutos para toparme con una realidad que duele y preocupa profundamente. El estado alarmante en el que se encuentra, desde hace ya algún tiempo, el Palacio Municipal. El techo, visiblemente deteriorado, amenaza con colapsar, y aún así, bajo ese riesgo, continúa ingresando gente a realizar trámites o cumplir con sus labores cotidianas.

¿Qué se está esperando para actuar? ¿Una tragedia para justificar la intervención? No hay excusa válida cuando está en juego la vida de seres humanos. La prevención es una responsabilidad ineludible de toda autoridad, y en este caso, la omisión raya en la negligencia.

La situación no mejora al recorrer el mercado, uno de los espacios más representativos de la actividad económica local. Una parte del recinto se encuentra inundada por aguas que brotan de una alcantarilla colapsada. Vendedores y vendedoras, en su mayoría personas humildes, permanecen en el lugar entre charcos, intentando salvar sus productos del daño.

¿Es esto lo que merecen quienes cada día trabajan con esfuerzo para sostener a sus familias y mantener viva la economía local? Halachó merece respeto. Su gente merece dignidad.

No se trata de señalar por señalar, sino de exigir lo justo. Las condiciones actuales no solo son una falta de respeto al pueblo, sino también un riesgo para la salud y la integridad física de quienes ahí conviven.

A la ciudadanía: es momento de alzar la voz. A las autoridades: es tiempo de actuar con responsabilidad y voluntad política. La infraestructura pública no puede seguir siendo ignorada. Los espacios donde se construye la vida comunitaria deben ser seguros y funcionales.

Antes de que sea demasiado tarde, Halachó debe recibir el trato que merece. No con promesas, sino con acciones concretas.