Lunes · Septiembre 14, 2026
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Puerto Morelos se le cae al Verde: el desgaste de Blanca Merari abre la puerta a Morena

En Puerto Morelos el problema para el Partido Verde ya no es quién podría competir por la presidencia municipal, sino qué tanto desgaste puede soportar una administración antes de que el voto ciudadano se convierta en factura política.

Puerto Morelos se le cae al Verde: el desgaste de Blanca Merari abre la puerta a Morena
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En Puerto Morelos el problema para el Partido Verde ya no es quién podría competir por la presidencia municipal, sino qué tanto desgaste puede soportar una administración antes de que el voto ciudadano se convierta en factura política.

Y la administración de Blanca Merari Tziu ha entrado justamente en esa zona de peligro, porque detrás de los boletines, las inauguraciones y las cifras oficiales existe otra realidad que no se puede maquillar tan fácilmente: vecinos que reclaman calles deterioradas, baches, deficiencias en alumbrado, problemas de limpieza y servicios públicos, además de cuestionamientos recurrentes sobre seguridad, drenaje y desarrollo urbano.

No son inventos de la oposición, sino demandas ciudadanas que obligaron al propio Ayuntamiento a reconocer indirectamente tras mantener programas permanentes pero insuficientes para atender baches, basura, alumbrado y otros servicios.

En 2025, por ejemplo, el gobierno municipal puso en marcha un programa emergente de “Cero Baches” con una inversión de 5 millones de pesos y en 2026 mantiene nuevas obras de pavimentación, saneamiento y alumbrado, muy cuestionables.

Y es muy fácil de entender porque si los problemas estuvieran resueltos, ¿por qué siguen necesitando programas emergentes y millonarias inversiones para corregirlos?

El alumbrado público es otro de los puntos sensibles que apestan a corrupción en la administración de Merari quien presume nuevas luminarias y obras para mejorar la seguridad vial, pero donde salieron a relucir presuntos sobreprecios en la compra de 865 luminarias realizada en 2024.

Desde el arranque de su administración, Blanca Merari y el Verde fueron exhibidos públicamente, como en aquel entonces cuando se calculó una diferencia considerable entre el precio pagado por el Ayuntamiento y cotizaciones del mismo modelo.

Y es que cuando un gobierno tiene colonias reclamando por oscuridad y, al mismo tiempo, enfrenta cuestionamientos públicos sobre cuánto pagó por iluminar las calles, la oposición no necesita fabricar un discurso: el expediente ya viene servido.

Ahora bien, en la política municipal se pierde o se gana en cosas aparentemente pequeñas: una calle transitable, una luminaria funcionando, basura que no se acumule, drenaje que no colapse y una patrulla que llegue cuando se necesita.

Y precisamente ahí está el otro problema: El Ayuntamiento mantiene un programa de “Reporta y Mejora” para que los ciudadanos denuncien basura, cacharros, luminarias y baches.

¡Muy bien!. pero… ¿por qué un gobierno que lleva años administrando el municipio necesita pedirle a sus ciudadanos que le señalen dónde están sus fallas básicas?

La participación ciudadana es positiva; lo que resulta políticamente preocupante es que las demandas elementales sigan apareciendo como pendientes recurrentes.

Y si hay un tema capaz de convertir el desgaste administrativo en un problema político mayor es el de desarrollo urbano.

Puerto Morelos está creciendo y precisamente por eso la ciudadanía exige que ese crecimiento tenga orden, reglas claras y protección ambiental.

La propia administración ha tenido que intervenir ante obras que considera fuera de la normatividad. En enero de 2026 anunció la suspensión del desarrollo Bella Mare por incumplimientos a la normativa vigente.

Eso abre una discusión que va mucho más allá de una obra determinada:

¿Quién está poniendo orden al crecimiento de Puerto Morelos y quién está vigilando que el desarrollo inmobiliario no termine imponiéndose sobre la planeación municipal?

Porque en un municipio con enorme presión inmobiliaria, cualquier sospecha de permisos discrecionales, cambios de uso de suelo o privilegios para determinados proyectos se convierte inmediatamente en un problema de confianza pública.

Y aquí hay que ser precisos: existen denuncias periodísticas que han formulado acusaciones graves sobre presuntos cobros y autorizaciones irregulares vinculadas con funcionarios municipales y si bien son señalamientos que requieren pruebas y procedimientos oficiales para determinar responsabilidades, tampoco pueden ignorarse políticamente.

Aquí es donde la sucesión municipal comienza a ponerse interesante, porque

Morena no necesita inventar un Puerto Morelos en crisis. Le basta con recoger las inconformidades existentes, convertirlas en discurso y plantear una alternativa creíble para el pueblo que ya está hasta del Verde.

El Verde, en cambio, tendrá que cargar con el desgaste de una administración que, independientemente de su alianza con Morena y de “sus obras y resultados positivos”, enfrenta suficientes cuestionamientos ciudadanos como para que la elección pueda convertirse en un referéndum sobre su permanencia.

Y eso es precisamente lo que debería preocupar a quienes toman decisiones en las cúpulas, porque el voto de castigo no se anuncia: se acumula.

Se acumula con cada bache que no se arregla, cada calle que permanece oscura, cada reclamo ciudadano que no encuentra respuesta, cada duda sobre el gasto público y cada conflicto urbano que genera sospechas.

Este gato lo dice sin rodeos: el mayor error que podría cometer cualquier dirigencia sería asumir que Puerto Morelos ya está amarrado.

¡No lo está!.

El municipio más joven de Quintana Roo tiene ciudadanos, no propietarios políticos y si Morena admite capitalizar el descontento, el Verde podría descubrir demasiado tarde que una administración municipal desgastada puede convertirse en el principal adversario de su propio partido.

Pero existe un escenario todavía más preocupante: Que ante el riesgo electoral, Puerto Morelos vuelva a convertirse en moneda de cambio de una negociación cupular; que en lugar de preguntar a los ciudadanos quién debe gobernarlos, las dirigencias decidan quién conserva el municipio, quién obtiene la candidatura y qué partido recibe el territorio como parte de un acuerdo político.

¡Eso sí sería un insulto a la inteligencia de los portomorelenses, porque Puerto Morelos no es una ficha de casino y mucho menos es patrimonio del Verde!.

Y ciertamente tampoco es propiedad de Morena y, por eso, mucho menos debe convertirse en el botín de quienes creen que una negociación entre cúpulas puede sustituir la voluntad popular.

Y como diría este viejo gato maya: Blanca Merari puede presumir obras, programas y avances; pero en política las fotografías no votan. Votan los ciudadanos. Y si el Verde quiere repetir, tendrá que explicar por qué después de años de gobierno todavía hay tantas demandas básicas pendientes y tantos cuestionamientos que resolver.

Así que Morena ya puede estar afilando las uñas porque el voto ciudadano ansía cambiar de color y no porque alguien le regaló Puerto Morelos, sino porque el Verde no supo conservarlo.

Pero si al final las cúpulas deciden quién se queda con el municipio antes de que hable la gente, entonces el verdadero derrotado no será ningún partido.

¡Será Puerto Morelos!