En Isla Mujeres, hablar de turismo no debería limitarse a hoteles llenos, restaurantes abarrotados y fotografías de postal. Detrás de cada visitante que llega hay trabajadores que hacen posible que la experiencia turística funcione: lancheros, maleteros y hombres que viven directamente de una actividad que no siempre mantiene el mismo ritmo durante todo el año.
Por eso resulta relevante la aprobación de “Isleño de Corazón 2026”, un programa impulsado por la presidenta municipal Atenea Gómez Ricalde, que busca llevar apoyo directo a trabajadores del sector turístico durante los meses de menor actividad.
El Cabildo aprobó un esquema que contempla beneficiar a cerca de 250 hombres residentes de Isla Mujeres durante septiembre, octubre y noviembre, mediante apoyos intercalados de mil pesos en tarjeta electrónica y una despensa con valor aproximado de 850 pesos.
Hasta ahí, podría parecer otro programa de asistencia social. Pero hay un elemento que le da mayor sentido: no se queda únicamente en entregar un apoyo y tomarse la fotografía.
El programa incorpora capacitación en Atención al Turista, Turismo Sustentable y Primeros Auxilios. Es decir, además de atender una necesidad inmediata, pretende fortalecer las capacidades de quienes forman parte de la primera línea de atención al visitante.
Y ahí está quizá lo más importante.
Una política social efectiva no debería limitarse a repartir apoyos cuando llegan las temporadas difíciles. También debe generar herramientas para que quienes reciben esos apoyos puedan enfrentar mejor el siguiente ciclo.
En una isla cuya economía depende profundamente del turismo, respaldar a quienes viven de esta actividad no es solamente un asunto de asistencia: también es una forma de proteger la propia economía local.
La propuesta de Atenea Gómez coloca sobre la mesa una idea sencilla, pero frecuentemente olvidada: el turismo tiene rostro humano.
Porque detrás de cada lancha que sale, cada maleta que se carga y cada visitante que recibe atención, hay una familia que depende de que esa actividad funcione.
“Isleño de Corazón” apuesta precisamente por reconocer a esos trabajadores y acompañarlos en una etapa de menor movimiento económico.
Ahora viene el verdadero reto: que el programa tenga continuidad, transparencia y resultados medibles. Que los apoyos lleguen a quienes realmente los necesitan y que la capacitación no sea un trámite de tres fotografías y un diploma guardado en un cajón.
Porque si el objetivo es poner a las personas en el centro, habrá que demostrarlo también después de la entrega.
La política social puede ser asistencial, sí. Pero también puede ser una plataforma para fortalecer capacidades y construir mayor autonomía.
Y en Isla Mujeres, donde el turismo es motor económico, invertir en quienes hacen posible ese turismo también es invertir en la isla.
Eso, más que un discurso, es una política pública que merece ser observada por sus resultados.
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