Isla Mujeres no sólo cumplió 176 años: volvió a mirarse al espejo de su propia historia y en tiempos en los que el desarrollo turístico suele avanzar a mayor velocidad que la memoria, celebrar el aniversario de una comunidad como ésta también implica preguntarse qué tanto se está haciendo para que el progreso no termine borrando aquello que hace única a la isla.
La VII Sesión Pública y Solemne por el 176 Aniversario de la Fundación de Isla Mujeres, encabezada por la gobernadora Mara Lezama Espinosa y la presidenta municipal Atenea Gómez Ricalde, tuvo como eje precisamente esa dualidad: honrar las raíces sin renunciar al futuro.
Y quizá ahí está el verdadero reto, porque una isla no se sostiene únicamente con infraestructura, visitantes o crecimiento económico, sino también con su gente: pescadores, emprendedores, jóvenes, trabajadores, tradiciones y con una comunidad que todavía pueda reconocerse en el lugar donde vive.
Durante la ceremonia, Atenea Gómez puso el acento en una idea que vale la pena rescatar: mientras existan familias que sueñen, niñas y niños que jueguen, pescadores que salgan al mar, mujeres que emprendan y jóvenes que quieran construir aquí su futuro, el corazón de Isla Mujeres seguirá latiendo.
No es una frase cualquiera, es más bien , una hoja de ruta; porque el verdadero desarrollo no consiste solamente en atraer más turismo, sino en generar mejores condiciones para quienes han hecho de Isla Mujeres su hogar; proteger el patrimonio natural y cultural, fortalecer las oportunidades para las nuevas generaciones y garantizar que la prosperidad turística también se traduzca en bienestar para la comunidad.
Por eso resulta significativo que en esta celebración se reconociera a descendientes de las familias fundadoras y a mujeres y hombres que, desde distintos ámbitos, han contribuido a construir la identidad contemporánea de la isla.
Las medallas al Mérito Ciudadano y al Mérito Turístico, así como los reconocimientos Diosa Ixchel, representan mucho más que una ceremonia protocolaria. Son una manera de decir que una comunidad también se construye desde la gastronomía, el deporte, la educación, la cultura, la acción cívica, la inclusión, el medio ambiente, la responsabilidad social, el servicio público y el empresariado.
En otras palabras: el desarrollo de Isla Mujeres no tiene un solo rostro,
también merece especial atención que entre los reconocimientos aparezcan actores vinculados con la protección ambiental, la inclusión y la responsabilidad social.
En una isla cuya principal riqueza depende precisamente de su entorno natural, cuidar el territorio no puede ser un discurso de aniversario, debe convertirse en una política permanente.
Los 176 años deberían servir, entonces, no sólo para mirar hacia atrás, sino para plantear qué Isla Mujeres se quiere entregar a quienes vienen detrás.
Porque conservar la esencia no significa detener el crecimiento. Significa crecer con identidad.
La historia de Isla Mujeres no puede quedar convertida en una fotografía antigua utilizada únicamente para atraer visitantes. Tiene que permanecer viva en sus calles, en sus tradiciones, en su gastronomía, en su relación con el mar y, sobre todo, en las oportunidades que tengan sus jóvenes para quedarse, prosperar y formar aquí sus propias familias.
Atenea Gómez lo resumió con otra frase que bien podría convertirse en compromiso colectivo: la historia está muy lejos de terminar.
¡Y tiene razón!.
A 176 años, la isla todavía tiene muchas páginas por escribir.
El desafío está en que esas nuevas páginas hablen de prosperidad, pero también de identidad; de turismo, pero también de bienestar; de modernidad, pero sin olvidar la memoria; de crecimiento, pero sin sacrificar aquello que hizo de Isla Mujeres un lugar especial.
La celebración terminó, las medallas fueron entregadas y las fotografías quedarán para el recuerdo, pero el verdadero homenaje a los 176 años de Isla Mujeres comenzará mañana: cuando autoridades y comunidad conviertan el orgullo por su historia en decisiones concretas para proteger su patrimonio, ampliar sus oportunidades y garantizar que las futuras generaciones puedan decir, con la misma emoción que hoy, que ésta sigue siendo su isla y cumplir muchos años más.
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