En Tulum el calor no da tregua, los recibos de la CFE tampoco y, mientras buena parte de la clase política parece seguir esperando que alguien más dé el primer paso, Jorge Portilla Mánica decidió levantar la voz y ponerle nombre y apellido a un problema que pega directamente en el bolsillo de los tulumnenses.
El regidor demostró que no está en el Cabildo sólo de adorno y con 1,800 firmas que lo respaldan cambió la dimensión política del reclamo; porque una cosa es subir a tribuna a pronunciar un discurso incendiario y otra muy distinta es llegar con ciudadanos detrás, con una demanda concreta y con la exigencia de que las autoridades hagan algo.
Portilla puso sobre la mesa una petición clara: revisar la tarifa eléctrica que actualmente se aplica a Tulum y explorar la posibilidad de que el municipio sea reclasificado a la tarifa 1C.
Su argumento tiene una lógica que difícilmente puede ignorarse: Tulum enfrenta temperaturas superiores a los 35 grados y, en esas condiciones, el uso de aire acondicionado y ventiladores deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad cotidiana.
Pero la paradoja es evidente: El calor es de primera… pero la tarifa sigue siendo de segunda y ahí es donde Jorge Portilla decidió meter el dedo en la llaga. El regidor sostiene que Tulum permanece bajo la tarifa 1B y que el esquema de consumo termina afectando a las familias cuando el uso de electricidad aumenta precisamente por las condiciones climáticas.
Por eso no se quedó en la queja, pidió que el Ayuntamiento solicite a CONAGUA y al Servicio Meteorológico la certificación de las temperaturas registradas durante los últimos cinco años; que se exija a la CFE información precisa sobre el procedimiento para una eventual reclasificación y que se abra una mesa de trabajo con los ciudadanos.
Eso es lo que diferencia una protesta política de una gestión política; Portilla está intentando convertir el malestar ciudadano en expediente, el expediente en gestión y la gestión en una posible solución y ahí está el verdadero valor político de su postura.
Porque 1,800 firmas no son solamente números, son 1,800 razones para que el Ayuntamiento no archive el tema en el cajón de los asuntos incómodos y por supuesto y también son una señal para la CFE y, de paso, un mensaje para quienes integran el Cabildo:si hay una demanda ciudadana de esta magnitud, habrá que asumir una posición.
Y Portilla lo hizo… ahora corresponde saber quién más se suma; porque en política es muy fácil aparecer cuando ya está resuelto el problema, lo difícil es poner el tema sobre la mesa cuando todavía hay que pelearlo y Portilla decidió hacerlo.
No está diciendo que la reclasificación ya sea un hecho, está exigiendo que se revise, que se documente y que se gestione.
Esa diferencia importa, porque si los datos climáticos demuestran que Tulum reúne las condiciones para solicitar una tarifa distinta, habrá que avanzar y si técnicamente no procede, entonces la CFE deberá explicarlo.
¡Pero que responda!.
Lo que no puede ocurrir es que las 1,800 firmas terminen convertidas en otro oficio con sello de recibido y destino desconocido.
Ahí estará el reto de Jorge Portilla: llevar su postura hasta las últimas consecuencias administrativas y políticas.
Porque una fotografía con las firmas puede durar un día, una gestión bien hecha puede durar años pero si logra que una familia de Tulum pague menos por mantener encendido el aire acondicionado en medio de este horno tropical, entonces el regidor habrá conseguido algo que ningún discurso puede comprar: un resultado que se siente directamente en el bolsillo.
Por eso esta vez la pregunta no es quién habló más fuerte, sino quién se atrevió a hablar primero y en esta historia, Jorge Portilla ya dejó clara su postura: Tulum no debe seguir pagando una tarifa que, a su juicio, no corresponde a la realidad climática y económica que viven sus familias.
Y como diría este viejo gato maya: el pueblo ya puso las firmas y Portilla puso la voz, ahora sólo falta que las instituciones pongan los resultados.
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