Había quienes ya tenían listo el obituario político; otros, incluso, daban por descontado que la Suprema Corte de Justicia de la Nación terminaría por derrumbar la presidencia del Poder Judicial de Quintana Roo; las apuestas estaban hechas, los rumores circulaban y no faltó quien vendiera como inminente la caída de Heyden José Cebada Rivas.
Pero la realidad, esa incómoda costumbre de aparecer cuando menos conviene, volvió a imponerse. La Suprema Corte fue contundente: el artículo 27 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de Quintana Roo es constitucional. Punto. No encontró violación alguna al mecanismo mediante el cual los magistrados eligen, por voto secreto y mayoría, a quien preside el Tribunal Superior de Justicia.
En otras palabras, el edificio que algunos aseguraban construido sobre arena resultó tener mejores cimientos de lo que pregonaban sus detractores. ¿La razón? Muy sencilla: La Constitución Federal nunca ordenó cómo deben elegir los estados al presidente de sus poderes judiciales; esa decisión corresponde a las legislaturas locales y Quintana Roo, en este caso, legisló dentro de los márgenes constitucionales.
¡Más claro ni el agua!.
Sin embargo, quien quiera vender la resolución como una victoria total también estaría contando sólo la mitad de la historia, porque la Corte, con la misma mano con la que confirmó la legalidad de la presidencia, también repartió varios coscorrones institucionales.
Declaró inválidos los procedimientos para designar a las presidencias del Tribunal de Disciplina Judicial y del Órgano de Administración Judicial, al considerar que no respetan el nuevo modelo previsto en la Constitución Federal; Y, por si hacía falta otro jalón de orejas, también anuló la disposición que pretendía extender hasta 2033 el periodo de dos magistraturas, una jugada legislativa que muchos intentaron justificar como transición, pero que la Corte terminó leyendo con otros lentes.
El mensaje para el Congreso local fue tan elegante como contundente: todavía hay tarea pendiente porque la armonización de las leyes ya no puede seguir esperando.
Al final, la sesión dejó una enseñanza que en la política quintanarroense suele olvidarse con frecuencia: una cosa son los discursos, las filtraciones y las campañas de percepción y otra muy distinta son las sentencias de la Suprema Corte. Y esta vez el máximo tribunal habló con claridad.
Sí, corrigió excesos, invalidó disposiciones, pero también dejó firme la presidencia del Poder Judicial, y a más de uno se le cayó el argumento… y quizá también la estrategia.
Porque cuando el ruido político se apaga y los expedientes se cierran, lo único que permanece es lo que dice la ley y en esta ocasión, la ley terminó dándole la razón a Heyden José Cebada Rivas.
Y es que en Quintana Roo saben bien que no toda alerta de huracán termina en desastre. Esta vez, tras el vendaval de rumores, lo único que terminó por disiparse… fueron las especulaciones.