Resulta que en Quintana Roo, Morena abrirá el registro para quienes aspiren a la famosa «coordinación territorial estatal» el próximo 26 de junio, ese elegante eufemismo que en el lenguaje político mexicano significa: la antesala de la candidatura a gobernador.
Pero aquí viene la parte divertida porque los de Morena que quieran competir, tendrán que pedir licencia a su cargo. Es decir, si es alcalde, diputado o funcionario, deberán bajarse del vehículo oficial, dejar la nómina pública y demostrar que pueden caminar sin los recursos del Estado.
Hasta ahí, suena razonable, el problema es que, para los que militan en el Partido Verde, la historia cambia. Según Arturo Escobar, sus aspirantes no tendrán necesidad de separarse del cargo.
O sea, podrán seguir despachando, inaugurando obras, cortando listones, apareciendo en fotografías institucionales y, de paso, construyendo su proyecto político.
Traducido al español de la calle: unos deberán competir con las manos atadas y otros podrán seguir jugando con la cancha, el balón y hasta el silbato… Y luego se preguntan por qué la gente sospecha de los procesos internos.

Porque la política mexicana tiene un talento extraordinario para inventar reglas de igualdad que nacen desiguales.
La austeridad es para unos y las excepciones, para otros; el sacrificio es para la militancia y la flexibilidad, para los aliados.
Pero más curioso aún resulta escuchar a Citlalli Hernández llamar a los aspirantes a poner por encima de todo el compromiso con las tareas organizativas y la defensa de la transformación.
¿Qué clase de transformación es aquella donde un partido debe despojarse de sus cargos y otro puede conservarlos para competir en las mismas condiciones?
Pareciera que en esta alianza existen militantes de primera y militantes de segunda donde los primeros deben demostrar disciplina mientras que los segundos sólo deben presentarse.
Y es que mientras se habla de asambleas, soberanía y logros de la transformación, el mensaje político que se envía es insostenible: el Verde sigue siendo ese aliado al que nunca se le exigen los sacrificios que se le demandan a Morena.
En Quintana Roo ya vimos esta película varias veces… El Verde se adapta a todos los gobiernos, sobrevive a todas las transiciones y siempre encuentra la manera de salir fortalecido de cada reacomodo político; tiene el extraño don de ser oposición y gobierno al mismo tiempo, aliado indispensable y beneficiario permanente.
Por eso, más que un proceso interno, esto parece un concurso con reglamentos distintos según el color de la camiseta. Y al final…, el mensaje es simple: en la alianza de la transformación, algunos deben pedir licencia para aspirar al poder; otros ni siquiera necesitan levantarse de la silla.