El Gato Maya

Puerto Morelos: del tucán desplumado al guinda arrepentido

En Puerto Morelos, gobernado durante seis años por el Partido Verde Ecologista —y no precisamente por Blanca Merari, sino por toda una estructura política acostumbrada a vivir del poder— ocurrió uno de esos milagros tropicales que solamente aparecen cuando gobiernas en alianza… y las encuestas internas de tu socio rumbo al 2027 empiezan a provocar sudor frío, insomnio electoral y ataques de nervios en la nómina oficial.

De pronto… ¡los verdes amanecieron guindas!
Así, de la noche a la mañana.

Como si la ideología fuera vestuario de carnaval, como si la lealtad política pudiera cambiarse con la misma facilidad que una foto de perfil en Facebook o como si el pueblo fuera tan ingenuo como para no darse cuenta cuando un grupo político intenta escapar de su propio desgaste escondiéndose bajo la camiseta ajena.

Y es que hace unos días corrió por todo Leona Vicario un chisme que ya nadie maneja como rumor porque, francamente, en los pueblos pequeños los secretos duran menos que un regidor en campaña regalando desayunos y sonrisas prestadas.

Dicen que Blanca Merari reunió discretamente —o eso creyó ella— a empleados municipales, operadores políticos, líderes sociales, aviadores certificados y uno que otro sobreviviente profesional del presupuesto público para arrancar el curso intensivo:“Cómo convertirse en morenista… sin dejar de vivir del erario”.

La instrucción fue clara:“prepárense para cambiarse a Morena”.
Así de sencillo, así de descarado y así de ofensivo para cualquiera que todavía crea que los partidos deberían representar ideas… y no simplemente mecanismos de supervivencia electoral.

Pero el verdadero problema no fue la reunión sino creer que podía mantenerse en secreto, sólo que olvidaron un pequeño detalle: Leona Vicario no es Las Vegas; ahí lo que pasa no se queda ahí, se comenta en la tienda, se platica en la combi, se mastica en la taquería y termina recorriendo el pueblo más rápido que los boletines maquillados del Ayuntamiento.

Y aquí es donde aparece el sexto regidor Jairo Elián Botes Betancourt, el “Delfín” de Blanca Merari: El supuesto “rostro fresco” del oficialismo, aunque de fresco tiene lo que un pollo rostizado olvidado tres días en el aparador.

Porque Jairo Elián sería impulsado aún cuando no representa una nueva etapa política, sino la continuidad con filtro de Instagram.
No nació de la calle, no salió de movimientos ciudadanos, no construyó liderazgo popular ni encabezó ninguna lucha social.

Salió del escritorio, es un personaje fabricado entre reuniones privadas, acuerdos administrativos y sueños desesperados de continuidad política.

El clásico candidato hecho en oficina: obediente, moldeable y perfectamente diseñado para jamás incomodar al grupo que hoy controla el Ayuntamiento.
Porque el verdadero proyecto nunca ha sido Jairo Elíán, el verdadero proyecto es que nada cambie. Ya sea Blanca o Elian, prácticamente es la misma gata revolcada con mismo moño electoral.

Lo que quieren es que siga intacto el control político, que siga fluyendo el presupuesto, que siga funcionando la estructura y que el mismo grupo ligado al “Niño Verde” continúe administrando Puerto Morelos como si fuera sala VIP con acceso restringido y caja chica incluida.

Por eso ahora quieren disfrazar de Morena lo que durante años vendieron como Verde, pero aunque le cambien la camiseta al muñeco… por dentro sigue relleno del mismo aserrín político.

Y es que mientras más intentan inflar a Elián Bote Betancourt desde el aparato municipal, más evidente se vuelve el problema porque cuando un liderazgo es auténtico, la gente lo impulsa sola, pero cuando un liderazgo es artificial… necesita grúa oficial, propaganda institucional, aplausos de nómina y respiración presupuestal asistida.

Y ahí está la tragedia del experimento Elián Bote Betancourt: antes siquiera de arrancar formalmente, ya parece producto caducado relanzado con etiqueta nueva y descuento de liquidación.

Porque en esta selva política del Caribe, cuando un gobierno necesita esconder el color original de su partido para intentar sobrevivir… no está evolucionando; está tratando de escapar del rechazo que sembró durante seis años… usando la camiseta ajena como chaleco antibalas electoral y eso es exactamente lo que hoy representa Elian Bote Betancourt: un intento desesperado del viejo aparato verde por sobrevivir infiltrado en Morena, como polizón político del presupuesto.

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