Que Isla Mujeres sea el primer municipio en concretar un acuerdo de colaboración con el Centro de Convivencia Familiar Supervisada (CECOFAM) no debería verse únicamente como un logro administrativo. El verdadero valor de esta decisión está en el mensaje de fondo: las niñas, niños y adolescentes deben colocarse en el centro de las políticas públicas y de las decisiones judiciales.
Por eso el convenio firmado entre el Ayuntamiento de Isla Mujeres y el Poder Judicial de Quintana Roo es una muestra de que la coordinación institucional sí puede traducirse en beneficios reales para la ciudadanía.
Y es que durante años, muchas familias atravesaron procesos legales dolorosos teniendo que desplazarse hasta Cancún para recibir atención psicológica, convivencias supervisadas o valoraciones especializadas. En numerosos casos, la distancia, el costo del transporte y la burocracia terminaban agravando conflictos familiares ya de por sí complejos. Hoy, acercar esos servicios a Isla Mujeres implica reducir barreras y humanizar la justicia.
Este es quizá el aspecto más relevante del convenio: entender que la justicia familiar no puede limitarse a expedientes, sellos y audiencias. Y si, también se necesita sensibilidad social, acompañamiento emocional y espacios dignos donde los menores puedan convivir con sus familias sin cargar el peso de disputas legales que no provocaron.
Este modelo en Isla Mujeres podría convertirse en referencia estatal sobre cómo construir políticas públicas enfocadas en la protección integral de la niñez y la reconstrucción del tejido familiar; sobre todo en estos tiempos marcados por violencia intrafamiliar, conflictos emocionales y fracturas sociales cada vez más visibles.
Por esto, apostar por mecanismos de convivencia supervisada, apoyo psicológico y atención especializada no es un gasto: es inversión social preventiva y quizás ahí está la enseñanza más importante de este acuerdo.
Y es que la construcción de la paz comienza desde el hogar: en la protección emocional de la infancia, en el fortalecimiento de los vínculos familiares y en la capacidad de las instituciones para actuar de manera coordinada y humana cuando las familias atraviesan sus momentos más difíciles.