El Gato Maya

De la política en Quintana Roo: El verde ya se sentía dueño del rancho… y “Rafa” Marín le recordó de quién es el ganado

Hay frases que en política no necesitan ser el inicio de un discurso para convertirse en el mensaje principal y Rafael Marín Mollinedo encontró en una de ellas el vehículo perfecto para mandar un recado que más de uno entendió:

«Mi pecho no es bodega», soltó frente a la prensa de Quintana Roo… y vaya que no lo fue, porque después de esa advertencia, abrió las puertas del almacén y empezó a sacar mercancía política que dejó a más de un verde revisando el pulso.

La primera caja contenía una verdad incómoda: Recordó que el Partido Verde es aliado de Morena, sí, pero que no necesariamente comparte los principios de «no robar, no mentir y no traicionar».
¡Pum!

Una frase tan elegante como un ladrillazo envuelto para regalo, porque una cosa es invitar a alguien a la fiesta y otra muy distinta entregarle las llaves de la casa y en Quintana Roo algunos llevan tanto tiempo viviendo dentro del gobierno que ya empezaban a preguntar dónde guardar los muebles.

Y es que lo interesante no fue lo que dijo, fue lo que todos entendieron… porque cuando un fundador del movimiento siente la necesidad de recordar cuáles son los principios de Morena, en realidad está enviando un mensaje a quienes han confundido una alianza electoral con una absorción corporativa.

Dicho en términos más simples:
Morena se alió con el Verde, no se lo rentó y mucho menos se lo regaló.

Pero “Rafa” todavía no terminaba, ya que después vino el segundo recordatorio, igual de incómodo:

Ocho de cada diez mexicanos respaldan a la presidenta Claudia Sheinbaum y ahí fue donde algunos empezaron a buscar agua porque el mensaje era clarísimo: la fuerza política que hoy arrasa en las encuestas se llama Morena.

La marca más poderosa del país se llama Morena, la Presidenta que mueve millones de votos es de Morena no del Verde, ni del verde limón, ni del verde bandera, ni del verde esperanza… ¡De Morena!.

Y esto importa mucho cuando se acerca una sucesión, sobre todo porque durante años se ha querido instalar la idea de que el Verde es una especie de propietario mayoritario de la coalición en Quintana Roo, como si Morena fuera un invitado agradecido.

Como si la gubernatura de 2027 ya estuviera apartada con anticipo y a meses sin intereses, como si los votos guindas vinieran incluidos en el paquete… Y resulta que no.

Entonces llegó la tercera pedrada:
Rafael Marín aseguró como resultado de sus visitas en territorio le consta que Morena tiene condiciones suficientes para seguir gobernando Quintana Roo.

Otra frase aparentemente inocente, pero en política las frases inocentes suelen ser las más peligrosas, porque cuando alguien dice que Morena puede ganar solo, también está diciendo algo que nadie se atrevía a verbalizar:

Que quizá el Verde se siente más indispensable de lo que realmente es y ahí fue donde el silencio empezó a hacer ruido…

Porque durante años algunos personajes han caminado por los pasillos del poder con la tranquilidad de quien cree que la candidatura ya viene apartada, como quien llega a un restaurante y pide la cuenta sin revisar el menú porque asume que la mesa es suya.

Pero “Rafa” Marín llegó a recordarles algo elemental: La sucesión no viene incluida en la alianza. No aparece en ninguna cláusula, no está escrita en letras chiquitas y mucho menos está heredada.

Lo que ocurrió esta semana fue, en realidad, un jalón de orejas público; una manera elegante de decir que Morena sigue teniendo memoria, sigue teniendo fundadores y teniendo militancia y que también tiene aspirantes.

Porque una cosa es acompañar al movimiento y otra muy distinta es querer quedarse con él; al final, la escena dejó una imagen difícil de ignorar: Un fundador de Morena recordando quién construyó el barco mientras algunos pasajeros discutían quién debería ocupar la cabina del capitán.

Por eso la frase más importante no fue la de los principios, ni la de las encuestas, ni siquiera la de la continuidad.

La frase más importante fue:
«Mi pecho no es bodega»… porque después de todo lo que sacó de ahí, quedó claro que no estaba repartiendo opiniones, estaba poniendo límites; sobre todo para quienes ya se sentían dueños del rancho,administradores del ganado y herederos automáticos de una sucesión que, por lo visto, todavía tiene propietario.

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