En Quintana Roo la política funciona como esas bodas fifís donde mientras todos bailan “Payaso de Rodeo”, en la cocina ya se están repartiendo la herencia… y algo así empieza a oler dentro de Morena.
Porque mientras la porra oficial anda emocionadísima festejando que a Eugenio “Gino” Segura lo mandaron a presidir la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional —con cara de que ya casi despacha en la ONU—, otros más colmilludos están viendo el movimiento con lupa y carcajada incluida.
Porque sí… el cargo suena elegante.
¡Muy elegante!, tan elegante como peligrosamente absorbente ahí está el detalle que pocos dicen en voz alta: mientras más responsabilidades nacionales le cargan a “Gino”, menos tiempo tendrá para andar sudando territorio en Quintana Roo.
Pero aquí algunos todavía creen que las gubernaturas se ganan dando discursos en el Senado y tomándose fotos con carpetas de “seguridad nacional”… ¡Ternuritas!.
Y es que en Quintana Roo las elecciones no se ganan con comisiones bicamarales, sino con estructura, operación, control político y kilómetros recorridos entre calor, traiciones y operadores reciclados del PRI, PAN y Morena… muchas veces todos en la misma camioneta.
Y mientras “Gino” anda revisando asuntos de inteligencia nacional, pareciera que a Rafael “Rafa” Marín le están haciendo algo todavía más útil: Le están desocupando el estacionamiento político.
Porque en Morena cuando de verdad quieren impulsar a alguien localmente, lo dejan hacer territorio y cuando quieren elevarlo a cuadro nacional… lo llenan de tareas, reflectores y reuniones eternas en Ciudad de México.
Es el viejo truco del sistema:
“Te subo tanto… que ya no te da tiempo de bajar.”
Y mientras eso ocurre, “Rafa” Marín aparece cada vez más cómodo en la conversación rumbo al 2027. Más libre, más presente, más cerca de la operación real y menos del protocolo parlamentario con café recalentado y discursos para YouTube.
La licencia de Anahí González tampoco ayuda a apagar rumores, al contrario: en la selva morenista eso sonó como cuando los pájaros dejan de cantar antes de la tormenta.
Porque aquí nadie se mueve cinco días “nomás porque sí”. nadie pide licencia por estrés legislativo, ni porque extrañe la hamaca y mucho menos en temporada donde todos juran que “todavía falta mucho para el 2027”, mientras ya traen hasta encuestadoras, operadores y grupos de WhatsApp trabajando horas extras.
Y es aquí es donde empieza la lectura venenosa del ajedrez guinda: A “Gino” lo convierten en funcionario de alta responsabilidad nacional mientras que a “Rafa” le dejan el territorio menos estorbado.
Uno sube de nivel institucional y el otro gana oxígeno político, uno aparece en temas delicadísimos del Estado mexicano mientras el otro empieza a aparecer en las conversaciones donde realmente se cocina Quintana Roo.
Porque en política —y más en Morena— no siempre el más premiado es el más beneficiado. A veces el verdadero consentido es al que dejan caminar sin tanto reflector encima.
Y es que, como lo mira este malicioso Gato Maya, mientras algunos andan fascinados porque “Gino” ya se codea con generales, carpetas clasificadas y mesas de seguridad nacional, otros empiezan a sospechar que el verdadero movimiento rumbo al 2027 no se está cocinando dentro del Senado… sino precisamente lejos de él.
Porque en esta versión tropical, guinda y maravillosamente maquiavélica del obradorismo caribeño, las candidaturas no siempre se construyen con porras, reflectores y nombramientos rimbombantes.
A veces se construyen más fácil: ocupando al posible competidor hasta el cuello… mientras al otro le van despejando la carretera, quitándole topes, tráfico y hasta semáforos rumbo a la gubernatura.
Porque en Morena, muchas veces el verdadero elegido no es al que más presumen desde arriba… sino al que le van quitando rivales, despejando el camino y dejando correr solo rumbo al 2027.