El Gato Maya

Nos indigna Trump, no los cárteles: así de jodido está el patriotismo.

Por Luis Mis

Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe: decir barbaridades con una sonrisa y disfrazarlas de verdades incómodas. Desde la Casa Blanca, el magnate reciclado en político volvió a sentenciar que “México está gobernado por los cárteles”, y aunque adornó su comentario con un gesto de cortesía —“tengo un gran respeto por la presidenta Claudia Sheinbaum”—, lo cierto es que su frase cayó como piedra en el estanque de la diplomacia.

Y es que, para desgracia nuestra, el tipo no está tan equivocado. En este lado del muro, la política se ha vuelto un juego de sombras donde los verdaderos poderosos no visten de traje ni despachan en Palacio Nacional. Se mueven en camionetas blindadas, reparten miedo a punta de cuerno de chivo y financian campañas con dinero que huele a pólvora y corrupción. Trump lo dice con desprecio, pero nosotros deberíamos escucharlo con vergüenza.

Mientras en Washington se lanzan discursos, en México seguimos maquillando el desastre. Los gobernantes cambian, los discursos cambian, pero las cifras de muertos y desaparecidos siguen igual de tercas. Y aunque suene doloroso admitirlo, cada territorio “controlado” por el crimen es un pedazo del país que dejamos perder entre pactos, silencios y complicidades.

Trump no respeta a México; lo usa como ejemplo de lo que no quiere ser. Pero su declaración, más allá del veneno político, exhibe una herida que sangra todos los días: la falta de Estado, la impunidad y la narcopolítica que se volvió paisaje.

Lo grave no es que Trump lo diga, sino que aquí apenas lo murmuremos. Nos indigna más su tono que su verdad. Seguimos en esa absurda costumbre nacional de matar al mensajero antes de enfrentar el mensaje.

Y mientras discutimos si el gringo fue grosero o diplomático, los verdaderos dueños del país siguen cobrando piso, decidiendo alcaldes y reclutando jóvenes sin futuro.

Trump, con todo y su lengua venenosa, sólo apuntó el espejo. El problema no está en la Casa Blanca… está en cada rincón donde el miedo gobierna y el Estado obedece.

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