El Gato Maya

Hablar con el corazón: el verdadero reto educativo

Por Luis Mis

A veces, entre tanto discurso, acto protocolario y foto para el boletín, se nos olvida lo esencial: los jóvenes no necesitan más discursos, necesitan ser escuchados. Y eso, precisamente, es lo que —por fortuna— pareció entender la gobernadora Mara Lezama en el Encuentro Nacional de Orientación Educativa del CONALEP, celebrado en Cozumel.

Más allá de la formalidad del evento —con sus 150 especialistas, orientadores y directores venidos de todo el país—, el mensaje que se desprendió entre líneas fue uno que vale la pena rescatar: la urgencia de volver a mirar a los jóvenes como seres humanos, no como estadísticas.

“Hay que dejar de verlos como el número 34 de la lista”, dijo la mandataria. Y cuánta razón hay en esas palabras. Cuántos chavos hoy van a la escuela con el alma hecha pedazos, con la mirada perdida, con problemas que nadie ve porque todos están más ocupados en cumplir con la “planeación didáctica” o con el Excel del supervisor.

Este encuentro, dicen, busca fortalecer la orientación educativa para evitar el abandono escolar y prevenir conductas autodestructivas. Bonito propósito, sí. Pero la pregunta es: ¿cuántos de esos esfuerzos realmente aterrizan en el aula, en la conversación sincera entre un orientador y un estudiante que no sabe cómo hablar de lo que siente?

No desconfío del todo —porque hay orientadores que son verdaderos ángeles de la escucha—, pero la burocracia muchas veces les amarra las manos. Por eso, escuchar a la gobernadora hablar de empatía y compromiso no sonó a discurso hueco, sino a un intento de volver al origen: a esa educación que toca el alma, no solo la libreta.

El director nacional del CONALEP, Rodrigo Rojas Navarrete, habló de liderazgo transformador y competencias éticas, conceptos importantes en una escuela que pretende formar ciudadanos, no sólo trabajadores. Pero lo verdaderamente transformador no está en los manuales ni en los modelos educativos, sino en la mirada que un maestro posa sobre su alumno: si lo ve con cariño o con juicio, si lo escucha o lo archiva.

Y sí, Quintana Roo presume hoy de haber obtenido el primer lugar nacional en el modelo dual del CONALEP, además de estar en el top 3 en eficiencia terminal y menor abandono escolar. Bien por eso. Pero más allá del ranking, lo que vale es que cada chico y cada chica encuentre en su escuela un refugio, no una condena.

Porque la verdadera prevención no está en los carteles ni en los cursos de “valores”, sino en la comunicación sincera, en esa conversación que puede salvar una vida. Si este encuentro sirve para fortalecer ese puente entre orientadores y jóvenes, entonces habrá valido la pena.

Educar no es enseñar, es acompañar. No es llenar cabezas, es abrazar almas. Y si un solo joven se siente escuchado, entonces la educación habrá cumplido su propósito.

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