Por Luis Mis
El reciente acto donde la gobernadora Mara Lezama instaló el Consejo Estatal contra las Adicciones dejó claro un compromiso social y humano: fortalecer la prevención, la empatía y la atención integral. Sin embargo, también nos deja una reflexión profunda como sociedad: las adicciones no sólo se manifiestan en las calles o en los centros de rehabilitación… también existen en los espacios del poder, en los círculos donde la indiferencia, la corrupción y la simulación se vuelven hábitos difíciles de abandonar.
Mara Lezama habló con sensibilidad de “construir entornos sanos” y de “acompañar a cada niña, niño y joven en sus sueños, no en sus adicciones”. Palabras que resuenan en un estado donde cada día más familias enfrentan esta realidad dolorosa. Pero si queremos avanzar hacia una sociedad realmente libre de adicciones, debemos ampliar la mirada: no basta con atender el consumo de sustancias; también hay que combatir las adicciones sociales que enferman el alma pública.
Las otras adicciones
Adicción al poder, al dinero fácil, a los privilegios, a la impunidad. Adicción al silencio cómodo, a mirar hacia otro lado cuando algo no está bien. Éstas también destruyen familias, comunidades y generaciones enteras. Son adicciones invisibles, pero igual de destructivas que el alcohol o las drogas.
Si el Consejo Estatal contra las Adicciones logra promover no sólo campañas, sino conciencia, será un paso enorme para sanar el tejido social. Porque la prevención empieza en casa, en el ejemplo, en la congruencia y en la humildad de reconocer que todos tenemos algo que sanar.
Combatir las adicciones no puede ser tarea exclusiva del gobierno o de los especialistas. Es un compromiso colectivo. Las autoridades pueden marcar el rumbo, pero la sociedad entera debe caminar en la misma dirección.
Escuchar, acompañar, orientar, dar oportunidades: esos son los verdaderos tratamientos para un pueblo que necesita más esperanza y menos juicios.
La salud mental y emocional de Quintana Roo depende también de la salud moral de quienes habitamos este estado. Y aunque la crítica puede ser necesaria, hoy más que nunca hace falta empatía: mirar con humanidad incluso a quienes ejercen el poder, recordándoles que la autoridad no se impone, se ejerce con ejemplo y con coherencia.
Los integrantes del Consejo Estatal contra las Adicciones son la gobernadora Mara Lezama; la presidenta honoraria del DIF Quintana Roo, Verónica Lezama Espinosa; el secretario de Seguridad Ciudadana, Julio César Gómez Torres; Mtra. Cecilia Isabel Bardales May; Ing. Jorge Isaías Quintanilla Osorio; Dip. Jennifer Paulina Rubio Tello; Dr. Enrique Leobardo Ureña Bogarín; Abril Cristina Sabido Alcérreca, directora general del DIF Quintana Roo; Psic. Liliam Negrete Estrella; Lic. Omega Istar Ponce Palomeque; Raciel López Salazar, Fiscal General; Flavio Carlos Rosado, secretario de Salud; y presidentas y presidentes municipales.
Si el Consejo Estatal contra las Adicciones se convierte en un espacio real de acción, sensibilidad y congruencia, no sólo estaremos combatiendo las drogas o el alcoholismo, sino también algo más profundo: la adicción social a la indiferencia.
Ojalá que este nuevo esfuerzo marque el inicio de una desintoxicación colectiva, donde la honestidad, el servicio y el amor al prójimo sean la mejor medicina para un estado que merece vivir en sobriedad, no sólo de sustancias, sino también de ego y simulación