Por Luis Mis
En tiempos donde las prisas dominan el día y el individualismo parece la regla, aún hay gestos que nos devuelven la fe en la gente. Esta semana, los taxistas del Sindicato “Andrés Quintana Roo” nos dieron una lección de humanidad al sumarse a la colecta convocada por la gobernadora Mara Lezama, entregando víveres al DIF Quintana Roo para apoyar a las familias afectadas en distintos estados del país.

Podría parecer un acto sencillo: reunir despensas, agua y artículos de primera necesidad. Pero detrás de cada caja hay una historia. Un operador que, después de una jornada bajo el sol, apartó parte de su ganancia para ayudar. Un concesionario que cedió tiempo y espacio para sumarse. Un grupo de trabajadores que, lejos de la rutina del volante, mostró que servir al prójimo también forma parte de su camino.
Esa es la otra cara del gremio taxista: la que pocas veces aparece en los titulares. La que no se mide en tarifas ni en kilómetros recorridos, sino en corazones dispuestos. Porque cuando se trata de ayudar, los taxistas de Cancún siempre sacan la casta, sin cámaras, sin discursos, sin condiciones.

“Cada despensa es un gesto de amor, un símbolo de que los taxistas de Cancún no sólo conducen autos, sino también esperanza”, dijo el secretario general, Rubén Carrillo. Y tiene razón. Porque conducir, en este caso, es más que llevar pasajeros; es mover la voluntad, guiar la solidaridad y avanzar hacia un destino común: el de la empatía.
En tiempos de desconfianza y división, este gesto nos recuerda algo esencial: la fuerza de un pueblo está en su unión, en su capacidad de mirar al otro y tender la mano. No se necesita tener mucho para ayudar; basta con tener corazón.

Los taxistas de Cancún lo tienen. Y lo demostraron una vez más, con el motor encendido y la esperanza al volante.