El Gato Maya

Diego Castañón: el alcalde que mira la luna mientras Tulum se desmorona

Por Luis Mis

En Tulum, la noche brilla más por los balazos que por la luna. Pero al alcalde Diego Castañón parece no importarle. Mientras la ciudadanía se queja de la inseguridad, los apagones, la basura y el caos urbano, él prefiere mirar al cielo y publicar en sus redes sociales lo “hermosa que se ve la luna”.

Sí, la luna. Esa misma que todos vemos desde cualquier rincón del planeta. Solo que, en la mente del edil, parece ser una luna especial, tal vez una luna que no alcanza a iluminar los baches, las calles en penumbra o las colonias donde la delincuencia hace rondines sin permiso.

Lo de Castañón ya no es desconexión con la realidad, es una especie de negación poética del desastre. Mientras la gente sufre por la falta de agua, por la basura que se acumula, por la violencia que crece y por el turismo que empieza a dar la espalda, él sube fotos de paisajes celestes, como si gobernar fuera un concurso de Instagram.

Porque sí, el alcalde se ve más cómodo detrás de un filtro que frente a los problemas de su municipio. Tulum se desangra, y su autoridad presume selfies. Es la política de la distracción: mirar al cielo para no ver el suelo.

Lo más insultante no es la publicación en sí, sino el silencio que la acompaña. Mientras los ciudadanos le reclaman en los comentarios —con razón y con rabia— por la inseguridad, los servicios públicos y el abandono, Castañón no responde. Ni una palabra. Ni una disculpa. Ni una acción. Como si gobernar fuera un acto de contemplación y no de responsabilidad.

Diego Castañón parece olvidar que la gente no necesita poesía barata ni postales celestes; necesita un gobierno presente, eficiente, que escuche, que actúe. Pero su administración flota en una nube de improvisación, promesas incumplidas y soberbia juvenil.

Tulum no necesita un influencer lunar; necesita un alcalde con los pies en la tierra.
Alguien que vea la oscuridad de las calles y no solo la luz del satélite.
Alguien que entienda que gobernar no es posar, sino responder.

Porque mientras él mira la luna, el pueblo mira su incompetencia. Y ahí, mi lunático presidente municpal, no hay filtro que embellezca la realidad.

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