No hay magia ni discursos que alcancen cuando la gente trae pendientes en la bolsa y urgencias en la mirada. Por eso, la jornada de audiencias públicas “La Voz del Pueblo” volvió a poner sobre la mesa lo que a veces se olvida en las oficinas: el gobierno tiene que ir donde está la gente.
Ahí, en territorio isleño, la gobernadora Mara Lezama Espinosa y la presidenta municipal Atenea Gómez Ricalde caminaron juntas una misma ruta: la de escuchar de frente. Sin rodeos. Sin intermediarios.
El saldo fue de 800 atenciones y apoyos para ciudadanas y ciudadanos que llevaron desde solicitudes sencillas hasta problemas que llevan tiempo esperando respuesta. Porque cuando el pueblo habla, lo hace con todo: con paciencia, con enojo, con esperanza.
La escena dejó ver algo que ya se ha vuelto costumbre en este tipo de jornadas: el intento de construir un gobierno de puertas abiertas, donde la gente no tenga que pedir permiso para ser escuchada. Y eso, en estos tiempos, ya es decir bastante.
Atenea Gómez Ricalde lo ha repetido en distintos espacios: la voz de las familias isleñas no es adorno, es brújula. Y en ese tono, insistió en que la coordinación con el gobierno estatal no es un gesto político, sino una necesidad para que las cosas caminen más rápido y con menos vueltas.
Del otro lado, la dinámica se repite: sumar esfuerzos entre niveles de gobierno para que las respuestas no se queden en promesas, sino que se conviertan en hechos que lleguen a la mesa de las casas.
En el fondo, lo que se jugó en esta jornada no fue sólo una lista de peticiones atendidas, sino la idea —siempre difícil— de que el poder público puede acercarse sin tanta ceremonia y con más escucha.