El Gato Maya

Del discurso a la chatarra: el mercado que el Ayuntamiento de Cancún dejó morir

El mercado “Felipe Carrillo Puerto”, inaugurado en 1987 en la primera entrada de la Región 94 de Cancún, nació como símbolo de economía popular y punto de encuentro comunitario.
Hoy es otra cosa: un esqueleto urbano que funciona más como deshuesadero de autos que como centro de abasto. Lo que fue orgullo barrial es ahora monumento a la desmemoria oficial.

No hablamos de una esquina escondida. Está ahí, visible, respirando óxido frente a la indiferencia institucional. Pero en la lógica municipal, lo que no da foto… no existe.

El deterioro no cayó del cielo. Fue una obra de arte en cámara lenta: primero la falta de mantenimiento, luego la desatención presupuestal, después el silencio administrativo y finalmente la resignación colectiva. Cuando el gobierno deja de mirar un espacio público, ese espacio aprende a sobrevivir sin gobierno. Y cuando la autoridad se retira, la informalidad ocupa el vacío con puntualidad quirúrgica.

Mientras el mercado se desmorona, la ciudad improvisa. El estacionamiento de la unidad deportiva “José María Morelos”, en la Avenida Miguel Hidalgo (Ruta 5), Región 91, terminó convertido en corredor frutero. El deporte convive con la sandía y el discurso de ordenamiento urbano duerme en algún cajón.

¿En qué momento la planeación se volvió simulación?
¿En qué capítulo del manual municipal dice que es más fácil permitir invasiones que rescatar infraestructura existente?

En octubre de 2025 el Ayuntamiento de Benito Juárez anunció con entusiasmo el “Mercado de la Prosperidad Compartida”. Sonaba a rescate, a reactivación económica, a justicia para productores locales. Sonaba —como casi todo en boletín oficial— impecable. Pero el evento fue pospuesto. Sin nueva fecha. Sin explicación sólida. Sin continuidad.

Ahí está el verdadero problema: no es sólo abandono físico, es abandono administrativo. Se anuncia con energía, se fotografía con entusiasmo, se comunica con adjetivos… y luego el vacío. Como si gobernar fuera inaugurar intenciones.

Si existen mercados públicos subutilizados, ¿por qué no rehabilitarlos y convertirlos en sedes reales de comercio formal? ¿Por qué permitir que la vía pública se convierta en escape permanente mientras la infraestructura pública se oxida? No es falta de espacios; es falta de decisión.

El mercado “Felipe Carrillo Puerto” no es un edificio viejo. Es un síntoma político. Refleja una administración que privilegia el anuncio sobre el mantenimiento, el evento sobre la estrategia, la coyuntura sobre la permanencia.

Cada lámina corroída es una promesa que no tuvo seguimiento. Cada vehículo desmantelado es una metáfora de la ciudad que se desarma por omisión. Cada indigente refugiado ahí es la evidencia de que la política social no llega donde debería.

Cancún no necesita más mercados con nombre rimbombante ni prosperidades compartidas en PowerPoint. Necesita coherencia. Necesita mantenimiento constante. Necesita autoridad que administre lo que ya existe antes de inventar lo que no sostendrá.

Porque cuando el abandono se vuelve paisaje, la negligencia deja de indignar. Y cuando eso ocurre, el deterioro ya no es accidente: es política pública por omisión.

Y este Gato Maya lo deja claro: las ciudades no se caen solas.

Se dejan caer.

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