El Gato Maya

Raciel presume números mientras el CJNG consolida territorio en siete municipios de Quintana Roo

Por Luis Mis

El fiscal general de Quintana Roo, Raciel López Salazar, salió a presumir números.
Que el Cártel Jalisco Nueva Generación opera en siete municipios.
Que van 248 detenidos del 2025 a la fecha.
Que hay armas largas, armas cortas, chalecos tácticos y hasta facciones con nombre cinematográfico como “Jaguares Delta”.

La pregunta no es si detuvieron a muchos.
La pregunta es más incómoda:

Si después de 248 capturas el grupo mantiene “presencia activa” en siete municipios… ¿entonces quién va ganando?

Porque la narrativa oficial suena a éxito operativo, pero el dato duro revela otra cosa: el CJNG no está en retirada; está instalado. Playa del Carmen, Benito Juárez, Cozumel, Tulum, Puerto Morelos, Felipe Carrillo Puerto… prácticamente el mapa turístico convertido en tablero criminal.

Y aquí es donde la crítica deja de ser policiaca y se vuelve política.

El fiscal explica que muchos reclutados son jóvenes vulnerables, sin oportunidades, provenientes de distintos estados. Correcto. Radiografía social conocida. Pero eso no es nuevo.

Lo nuevo sería escuchar una estrategia estructural más allá de la suma de detenidos.
Porque detener no es desarticular.
Y asegurar armas no es desmantelar redes financieras.

Cuando una organización puede reclutar, armarse y operar en múltiples municipios, el problema no es de captura… es de contención territorial.

Se nos dice que hay coordinación con fuerzas federales. Que los operativos continúan. Que las investigaciones siguen abiertas. Todo suena a boletín pulcro y bien redactado.

Pero mientras tanto, la percepción ciudadana no se mide en comunicados; se mide en balaceras, en extorsiones, en silencio nocturno y en empresarios que prefieren no denunciar.

La detención de presuntos líderes, como el alias “Rayo”, debería representar un golpe estratégico. Sin embargo, la historia reciente del país demuestra que cada líder detenido suele ser reemplazado por otro en cuestión de semanas. El crimen organizado no funciona como oficina pública que necesita nombramiento oficial; funciona como franquicia.

Y ahí está el detalle político que pocos quieren tocar: Si el CJNG mantiene presencia activa en siete municipios turísticos clave, eso no sólo es un asunto de seguridad pública.

Es un mensaje económico.
Es un mensaje de gobernabilidad.
Es un mensaje electoral.

Porque en un estado cuya principal carta de presentación es el turismo internacional, reconocer expansión territorial criminal mientras se celebran cifras de detención es un equilibrio narrativo peligroso.

La aritmética oficial dice:
248 detenidos.
98 armas aseguradas.
Operativos coordinados.

La aritmética ciudadana pregunta:
¿Y la reducción real de violencia?
¿Y la disminución de cobros de piso?
¿Y la tranquilidad cotidiana?

El fiscal habla de “desarticular estructuras”. Pero cuando la estructura sigue operando en siete municipios, la palabra correcta no es desarticulación… es contención parcial.

Y en política, la contención parcial rara vez gana aplausos duraderos.
Porque al final del día, lo que importa no es cuántos boletines se emiten ni cuántos detenidos se contabilizan. Lo que importa es si el ciudadano siente que el Estado tiene el control.

Hoy el mensaje parece otro:
El crimen se expande por municipios estratégicos.
La Fiscalía suma capturas.
Y el tablero sigue en disputa.

En Quintana Roo, las cifras pueden crecer.
La pregunta es si la autoridad crece al mismo ritmo.

Porque cuando el delito opera en siete municipios turísticos y la respuesta se resume en estadísticas, el problema ya no es numérico… es político.🐾

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