El Gato Maya

Ni invisibles ni perdidos: la otra cara del poder

Por Luis Mis

Hay días en que las noticias no rugen, sino que ronronean. Días en los que la política, tan dada al estruendo, decide hablar en voz baja y mirar a los ojos. Eso pasó en Cozumel, mientras se supervisaban los avances del CRAADYR, ese centro con nombre largo y misión todavía más grande: amar al adicto difícil, al reincidente, al que casi todos prefieren no ver.

“Hoy supervisamos avances, mañana inauguramos esperanza”, dijo la gobernadora Mara Lezama. Y la frase, aunque suene a boletín, tiene algo de verdad felina: la esperanza no aparece de golpe, se construye paso a paso, como gato que mide el salto antes de caer.

El CRAADYR Cozumel no es sólo un edificio con capacidad para 80 personas. Es, más bien, una segunda oportunidad con paredes, camas y reglas claras. Un espacio que antes estaba abandonado —tomado por el olvido y la calle— y que ahora se resignifica para quienes han vivido atrapados en adicciones, en la reincidencia y en esa condena silenciosa que es ser invisible.

Aquí hay algo que vale la pena subrayar, con uñas bien afiladas: este proyecto no nació de la ocurrencia, sino de la suma.
Iniciativa privada, gobierno estatal, organismos empresariales, el DIF, todos empujando el mismo ovillo. Más de cinco millones de pesos invertidos, sí, pero sobre todo una decisión política poco común: atender las causas, no sólo barrer las consecuencias bajo la alfombra.

Mara Lezama lo dijo sin rodeos: son personas que importan. Personas, no expedientes; seres humanos, no estadísticas. Y en tiempos donde la prisa por castigar suele ganarle a la paciencia de rehabilitar, apostar por centros como el CRAADYR es una forma concreta de reconstruir el tejido social, hilo por hilo, aunque lleve tiempo.

También hay simbolismo en el dato: hoy, 15 personas en situación de calle, originarias de Cozumel, reciben atención temporal en Leona Vicario y pronto regresarán a la isla para continuar su proceso. Volver no como carga, sino como posibilidad. Eso, en lenguaje de barrio, se llama dignidad.

Que vengan más centros en Mahahual y Chetumal —para hombres y mujeres— habla de una política que empieza a entender algo básico: la adicción no se resuelve con discursos, sino con acompañamiento; no con castigo, sino con comunidad.

Así que sí, hoy se supervisaron avances. Pero lo verdaderamente importante es que, en un rincón del Caribe, la esperanza ya empezó a caminar… despacio, con cautela, como gato viejo que sabe que cada vida recuperada es una victoria silenciosa. Y esas, aunque no hagan ruido, son las que de verdad cambian la historia.🐾

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