Por Luis Mis
En Cancún ya ni hace falta el parte policiaco: basta con asomarse a la calle. Pero al parecer en el Palacio Municipal alguien anda usando tapones para los oídos… o confeti. Porque mientras la ciudad se descomponía por pedazos muy bien identificados en el mapa, el gobierno municipal decidió que era día de fiesta.
El motivo del jolgorio fue el cumpleaños de Pablo Gutiérrez, secretario general del Ayuntamiento y protagonista de una celebración tan oportuna como un mariachi en un velorio. No fue una reunión discreta, no señor: fue un acto político con cobertura, sonrisas y periodistas cuidadosamente seleccionados. A los críticos, como siempre, ni agua. A este pobre gato Maya no lo invitaron, quizá porque no sabe aplaudir con la ciudad en llamas.
Mientras se partía el pastel, Cancún hacía lo suyo.
En Tres Reyes, ese rincón donde la autoridad sólo entra en discurso, se escucharon detonaciones y apareció una manta con mensaje intimidatorio, de esas que dicen más que cualquier boletín oficial.
En la Supermanzana 58, los balazos dejaron casquillos regados como si fueran parte del paisaje urbano.
En la Región 245, colonia Los García, un hombre fue levantado a tiros y enviado de urgencia al Hospital General Jesús Kumate Rodríguez, ese hospital que siempre está lleno… menos de seguridad suficiente.
Pero el plato fuerte vino después.
En la Región 98, sobre López Portillo con Chac Mool, la bodega de Grupo Modelo fue rafagueada como advertencia. Seis disparos, impactos en el portón, un camión dañado y el mensaje de siempre: paga o arde. El famoso cobro de piso que oficialmente “no existe”, pero que dispara, quema y manda recados.
Horas más tarde, por si quedaba duda del nivel de descaro, un grupo armado decidió que era buena idea asaltar el Hospital Galenia. Sí, un hospital privado, con pacientes adentro, familiares esperando y personal médico trabajando de madrugada. Llegaron en motocicletas, vestidos de negro, sometieron a la seguridad y salieron como si nada. Todo captado por el C5, ese gran ojo que todo lo ve… pero no detiene a nadie.
Y para cerrar la semana con broche de gasolina, la madrugada del viernes ardió La Palapita, restaurante-bar sobre la avenida Kabah, a la altura de la Región 245. No fue accidente, no fue corto circuito, no fue mala suerte. Fue un “aviso” por no alinearse al pago de extorsión. En Cancún ya no se clausura con sellos: se clausura con fuego.
Todo esto pasó en menos de 72 horas.
Pero en el Salón Oaxaca el reloj marcaba otra cosa: sonrisas, abrazos, fotos y discursos disfrazados de convivencia. Porque para el gobierno de Ana Paty Peralta, la urgencia no está en Kabah, ni en López Portillo, ni en Tres Reyes, ni en los hospitales. La urgencia está en la grilla, en la sucesión, en acomodar piezas.
Al festejo vespertino invitaron a periodistas, claro que sí. Pero sólo a los que saben cuándo callar. A los incómodos no. A este gato, menos. No vaya a ser que alguien maúlle que mientras Cancún se desangra por colonias perfectamente identificables, el poder municipal anda soplando velitas.
El mensaje es clarísimo y brutal: la ciudad puede arder, los hospitales pueden ser asaltados, los negocios pueden incendiarse…pero el proyecto político no se pausa.
Cancún hoy no enfrenta sólo al crimen organizado.
Enfrenta un gobierno que decidió celebrar desde un salón de fiestas mientras la realidad se quema en la Kabah.
Y aunque no nos inviten al festejo, aquí seguiremos.
Porque alguien tiene que rasguñar la puerta cuando el poder se encierra a brindar.🐾