Por Luis Mis
En Quintana Roo el agua no habla, no hace campaña y no reparte volantes, pero guarda memoria. Y vaya que tiene cosas que contar. Lagunas enfermas, humedales asfixiados y ríos subterráneos convertidos en alcantarillas del progreso mal entendido. Todo eso no apareció por arte de magia ni por culpa de la lluvia: es herencia política.
En tiempos de turbulencia política y campañas disfrazadas, cuando todos prometen amor eterno a la selva y respeto profundo a la Madre Tierra, conviene mirar quién llega con las manos limpias y quién apenas se está sacudiendo el lodo. Porque el cuidado del agua —ese tema incómodo que no da likes inmediatos— hoy se ha convertido en una línea clara para distinguir proyectos de gobierno.
Desde la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente, Óscar Rébora puso sobre la mesa un dato que debería incomodar a más de uno: más del 80% de las especies de agua dulce han desaparecido en las últimas décadas. No fue un accidente, fue política pública… o mejor dicho, su ausencia. Décadas de crecimiento desordenado, permisos fáciles y planeación inexistente dejaron al estado con hoteles de cinco estrellas y ecosistemas de tercera.
El actual gobierno estatal presume haber entendido algo básico pero históricamente ignorado: sin agua no hay turismo, no hay bienestar y no hay futuro. Por eso insiste en tratar la protección del agua no como slogan verde, sino como eje de gobierno. Acciones en territorio, reforzamiento de áreas naturales y decisiones que, aunque no siempre populares, son necesarias si se quiere algo más que una postal bonita.

Cuando una laguna se contamina, no sólo muere el pez: se hunde un modelo. Y eso es lo que hoy está en juego. La política ambiental dejó de ser un adorno para convertirse en termómetro de responsabilidad. Quien no lo entienda, que no se sorprenda cuando el agua —callada, paciente— termine cobrando la factura.
El Gato Maya observa desde la orilla: en Quintana Roo ya no se trata de quién promete más, sino de quién repara lo que otros rompieron. Y en este tablero, el agua no perdona… pero sí exhibe.🐾