El Gato Maya

Las adicciones no esperan: Estefanía Mercado apuesta por llegar antes

Por Luis Mis

Este gato maya ha visto muchas cosas en Playa del Carmen. Ha visto jóvenes perderse, familias romperse en silencio y gobiernos llegar siempre tarde, cuando el problema ya estaba tirado en la banqueta. Por eso, cuando un gobierno decide hablar de adicciones antes de la tragedia, este felino afila el oído… y también las uñas.

El nuevo Reglamento Municipal para la Prevención y Combate de las Adicciones no es un simple papel aprobado en comisión. Es, para decirlo sin rodeos, un reconocimiento político incómodo: durante años se hizo poco, se mezclaron temas, se diluyeron responsabilidades y se administró el problema en lugar de enfrentarlo. Hoy, al menos, alguien lo está diciendo sin maullar bajito.

Separar las adicciones de la explotación sexual infantil no es burocracia; es sentido común tardío. Cada herida necesita su propio tratamiento. Y hacerlo alineado a la ley, con coordinación real y no simulada, es una forma de admitir que el desorden institucional también lastima personas.

Este gato observa con atención que ahora se suman más voces al Consejo: salud, educación, justicia, sociedad civil, personas que sí saben lo que significa acompañar a alguien en recuperación.

Porque las adicciones no se resuelven con discursos motivacionales ni con patrullas; se enfrentan con salud mental, prevención y seguimiento constante. Lo demás es puro ruido.

Que haya informes públicos, rendición de cuentas y la posibilidad de crear centros de tratamiento no es un detalle menor. Es poner el reflector donde antes había sombras cómodas. Es aceptar que el gobierno también debe medirse por lo que previene, no solo por lo que apaga cuando ya está en llamas.

Bajo el gobierno de Estefanía Mercado, Playa del Carmen manda una señal clara: llegar antes también es gobernar.

Apostar por la prevención no da aplausos inmediatos ni fotos espectaculares, pero salva algo más valioso: tiempo, vidas y futuros que todavía no se rompen.

Este gato maya lo dice sin romanticismo: no hay política más humana que la que evita la caída. Y no hay discurso más vacío que el que llega cuando ya no queda nada que rescatar.

Aquí, donde la selva observa y la ciudad crece sin pedir permiso, poner red antes del abismo no es un acto menor. Es una decisión. Y las decisiones —buenas o malas— siempre terminan alcanzando a quienes las toman.🐾

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