El Gato Maya

Tribunales de facebook: Sentencias sin pruebas

Por Luis Mis

En Quintana Roo la justicia evolucionó. Ya no necesita jueces, carpetas de investigación ni sentencias. Ahora se rige por una herramienta mucho más sofisticada: el aplausómetro digital.

Si hay suficientes likes, entonces hay culpable. Si hay suficientes compartidos, entonces hay sentencia. Y si hay suficientes opinadores indignados, entonces que pase directo al paredón mediático.

Bajo este moderno sistema jurídico —patentado por opinólogos de café y tribunales de Facebook—, el empresario Jorge Brizuela Guevara fue declarado culpable sin el estorbo de una sola prueba judicial. Qué eficiencia. Qué ahorro de papel. Qué maravilla institucional.

Brizuela, con la osadía que sólo cometen los herejes, decidió hablar públicamente para defenderse de los ataques mediáticos. Grave error. En esta tierra tropical defenderse es visto como un acto sospechoso. El inocente debe guardar silencio, agachar la cabeza y esperar a que el linchamiento termine… si es que termina.

Porque aquí no importa si hay expediente, denuncia formal o resolución judicial. Lo que importa es la narrativa. Y la narrativa, como todos sabemos, se vende mejor con villanos bien maquillados, aunque el maquillaje sea puro lodo.

Resulta curioso —muy curioso— que mientras algunos personajes con historiales administrativos dignos de novela negra caminan sonrientes entre inauguraciones, selfies y discursos de honestidad, otros son crucificados públicamente por decreto mediático.

Unos tienen padrinos; otros sólo tienen micrófonos apuntándoles.
Y así funciona el ecosistema: si eres incómodo, eres culpable; si eres útil, eres invisible.

Y es que el linchamiento ya no es un accidente: es un modelo de negocio. Genera tráfico, fama exprés, protagonismo moral y contratos de conciencia rentable.
Investigar cuesta.
Difamar es barato.
Rectificar no deja likes.

Y lo más sabroso del espectáculo es que nadie se hace responsable del daño. Aquí todos acusan, nadie prueba y nadie repara. Pero eso sí: todos presumen superioridad ética desde el teclado.

Brizuela, en su mensaje, puso el dedo en una llaga que escuece: no todo lo que se grita es verdad, ni todo el que acusa tiene autoridad moral para señalar.

Esto no va sólo de un empresario. Va de un sistema que prefiere la hoguera al expediente, el escándalo al proceso, la percepción al derecho.

Un sistema donde el ruido sirve para distraer de los verdaderos saqueos, de las verdaderas complicidades y de las verdaderas omisiones institucionales.

Porque mientras el público aplaude el sacrificio mediático del día, los verdaderos depredadores siguen comiendo tranquilos en el presupuesto.

Y cuando la justicia se convierte en espectáculo, la verdad se vuelve un estorbo.

Como diría el Gato Maya: Cuando los gatos aprenden a maullar sin investigar, los ratones gordos siguen robando el queso sin que nadie los moleste.

Aquí no se busca justicia.
Se busca rating moral.

Y eso, mis queridos lectores, no limpia a la sociedad: sólo la embrutece con aplausos.🐾

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