El Gato Maya

Cancún: el operativo invisible y la pirotecnia milagrosa

Por Luis Mis

En Cancún hay operativos que no se ven, no se sienten y, sobre todo, no existen. El más reciente es ese operativo fingido, simulado, que según la versión oficial habría puesto orden en la venta de pirotecnia y en el comercio en la vía pública. Una joya de ficción administrativa que ni Netflix se atrevería a producir.

Porque anoche, mientras la autoridad presumía acción, la realidad hacía lo suyo: cohetes, palomas y buscapiés se vendían anoche por toda la ciudad, como si la ley estuviera de vacaciones… o como si nunca hubiera llegado.

El operativo decía “orden”.
La calle decía “barra libre”.

Y así, con esa facilidad, los inspectores de comercio en la vía pública y Protección Civil lograron lo impensable: terminar de hundir la poca credibilidad que les quedaba. Fingir un operativo no solo es inútil, es insultante. Es decirle al ciudadano: “sabemos que estás viendo otra cosa, pero finge que nos crees”.

El Gato Maya, que camina Cancún sin necesidad de escoltas ni simulaciones, vio lo que todos vieron: vendedores instalados con total tranquilidad, pirotecnia exhibida sin el menor pudor y cero autoridad a la vista. Ni inspectores, ni sellos, ni decomisos. Eso sí, el operativo existía… pero solo en el discurso.

Un operativo más falso que un billete de 300 pesos, pero con logotipo oficial.
Aquí el problema no es sólo la pirotecnia —que también—, sino la doble moral institucional: simular orden para la galería y tolerar el desorden en la calle.

Gobernar de escritorio, patrullar de oídas y supervisar desde la comodidad del auto oficial.

¿Dónde estaban los inspectores?
¿Dónde Protección Civil?
¿En junta? ¿En capacitación? ¿O en modo “no me vean”?

Porque cuando la autoridad decide simular que trabaja, el mensaje es claro: la ley es flexible, el reglamento es opcional y la seguridad es solo un argumento de temporada.

Luego vendrán los accidentes, las excusas y el clásico “se actuó conforme a protocolo”. El mismo protocolo que anoche brilló por su ausencia, mientras los cohetes explotaban sin control y la autoridad explotaba… pero de cinismo.

Porque en Cancún ya no sorprende que vendan pirotecnia ilegal.
Lo que sorprende —y preocupa— es que la autoridad crea que con un operativo simulado puede tapar la realidad.

El Gato Maya no compra pirotecnia…
pero sí reconoce cuando el operativo es puro humo.

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