El Gato Maya

En Lázaro Cárdenas: Cabildo con orejas jaladas y dedos levantados

Por Luis Mis

En Lázaro Cárdenas el Presupuesto de Egresos 2026 no se aprobó:
se rindió.

Y no ante el pueblo, ni ante el debate público, ni ante la razón técnica.
Se rindió ante el jalón de orejas que vino desde arriba… muy arriba… desde donde viven los mandamaces partidistas que no salen en la foto, pero sí cobran la disciplina.

Porque hay que decirlo claro:
hasta hace unos días accedieron, los mismos regidores no querían aprobar nada.

Ni por el bien del municipio.
Ni por responsabilidad institucional.
Ni por compromiso con la gente.

Querían condicionar.
Querían presionar.
Querían cobrar.

Y cuando el escándalo creció, cuando el rumor del bono de 300 mil pesos ya caminaba solo por las calles, entonces ocurrió el milagro político más viejo del sistema:

La llamada.
El jalón de orejas
La orden de cerrar la puerta

Y así, como por arte de obediencia partidista, el presupuesto sí pasó.

Pero no en el Cabildo abierto.
No frente a cámaras.
No con micrófonos.

Pasó a puerta cerrada, sin prensa, sin transmisión, sin público.
Porque —según ellos— la transparencia estorba cuando hay acuerdos que no soportan la luz.

El Gato Maya, que ha visto muchas sesiones y demasiadas traiciones, toma nota de un detalle clave:

Fueron los propios regidores quienes exigieron votar fuera del escrutinio público.

No fue el alcalde.
No fue un tema técnico.
Fue una condición política.

Traducido al español ciudadano:
—“Sí votamos… pero que nadie vea cómo ni por qué”.

Porque una cosa es levantar el dedo, y otra muy distinta es explicar por qué ayer decías no y hoy dijiste sí, sin cambiar una sola coma del presupuesto.

Y hablando de comas, el monto aprobado no es menor:
468 millones 850 mil 929 pesos.
Casi 469 millones de razones para que la sesión fuera pública, abierta y transmitida…
y, sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.

Los mismos que abandonaron sesiones.
Los mismos que bloquearon votaciones.
Los mismos que jugaron a la oposición valiente…
el último viernes de este año terminaron votando en bloque, en silencio y sin dar la cara.

No hubo discurso.
No hubo argumentos.
No hubo explicaciones.
Solo votos.
Y demasiadas sospechas…

¿Hubo negociación bajo la mesa?
Ellos dicen que no.
¿Hubo presión de líderes estatales de MORENA–PVEM–PT?
Todo indica que sí.
¿Hubo regidores que pasaron de rebeldes a disciplinados en cuestión de horas?
Eso ya ni se discute.

Lo verdaderamente grave no es que los hayan alineado.
Lo grave es cómo aceptaron alinearse: exigiendo que el pueblo no mirara.
Porque cuando un Cabildo vota a escondidas, no está protegiendo la gobernabilidad, está protegiéndose a sí mismo.

Y ojo con esto, que es electoralmente delicado: la gente puede olvidar cifras, pero no olvida quién se escondió cuando tocaba dar la cara.

Apenas aprobaron el presupuesto.
Sí.
Pero reprobaron la confianza pública.

Y el Gato Maya lo advierte sin maullidos:
cuando un regidor necesita oscuridad para votar, es porque la decisión no resiste la luz del día… ni la del 2027.

Y es que cuando el poder se encierra, la memoria ciudadana abre la jaula.

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