¡En el sindicato de taxistas de Cancún los memes no votan, pero la desesperación sí se nota!
Por El Gato Maya
Apenas faltan diez días para que arranque formalmente la campaña por la dirigencia del Sindicato de Taxistas Andrés Quintana Roo para el periodo 2027-2030, y las redes sociales ya parecen ring de lucha libre: memes, ataques digitales y hasta inteligencia artificial puesta al servicio de la guerra sucia. ¿El blanco favorito? Michel Díaz Valdez, cabeza de la Planilla Verde. Pero, curiosamente, contra Julio Castillo de la Planilla Dorada, el escándalo digital no parece tener la misma intensidad.
¡Qué cosas tiene la política sindical cuando las encuestas no se publican, pero los nervios se exhiben solitos!
A simple vista, alguien podría pensar que la Planilla Dorada lleva ventaja y por eso sus adversarios no están bajo fuego; pero en política también existe otra lectura: cuando los golpes digitales se concentran en un solo candidato, cabe preguntarse si no será precisamente porque su crecimiento comienza a incomodar.
Y vaya que la alianza entre las planillas Verde y Blanca, con Carlos Arceo ocupando una posición estratégica en la fórmula sindical, cambió el tablero de la contienda.
Los hechos están a la vista… Durante el registro de las planillas en el Auditorio Fundadores 13 de Marzo, Michel Díaz apareció acompañado de Carlos Arceo, Rosy Zapata y Alejandra Aguilar, en medio de una asistencia que hizo notar el respaldo a su proyecto; una escena que volvió a repetirse durante la entrega de constancias. Claro, sería ingenuo confundir aplausos con votos; pero también sería absurdo ignorar que la suma de dos estructuras puede convertirse en una fuerza electoral considerable.
Y aquí viene la pregunta que seguramente quita el sueño a más de un estratega: si la alianza Verde-Blanca ha conseguido movilizar una presencia importante en los actos públicos, ¿qué podría ocurrir el último sábado de noviembre, cuando los concesionarios acudan a las urnas?
Por supuesto, una cosa es llenar un auditorio y otra muy distinta ganar una elección. El voto sindical tiene sus propias reglas, sus lealtades, sus agravios y sus cuentas pendientes.
Pero precisamente por eso resulta preocupante que, antes de comenzar la campaña, algunos parezcan más ocupados en fabricar memes que en presentar propuestas para recuperar el patrimonio, la fuerza y la dignidad del gremio taxista.
Y es que los perfiles falsos, las imágenes manipuladas y las campañas de desprestigio no sustituyen un proyecto sindical, pero si además detrás de los ataques existe una estrategia organizada, sus responsables deberían entender que la guerra sucia también puede convertirse en un bumerán: el golpe que pretende debilitar a un candidato termina exhibiendo la pobreza política de quienes lo promueven y si dicen que nadie se hace responsable, bastaría con preguntarse: ¿quién gana con esta cloaca digital?
Pero el asunto no termina ahí… La confrontación ha comenzado a salpicar al Gobierno del Estado, con mensajes y amenazas que, de confirmarse, estarían completamente fuera de lugar en una contienda gremial. ¿Qué necesidad hay de abrir frentes políticos adicionales cuando lo que está en juego es la representación de miles de trabajadores del volante?
Aquí es donde el equipo de Julio Castillo debería revisar con lupa la calidad de sus consejos políticos; porque una cosa es competir por la dirigencia de uno de los sindicatos más importantes de Quintana Roo y otra muy distinta es convertir la elección en una guerra de confrontaciones que termine perjudicando al propio gremio.
¿Quién está asesorando a la Planilla Dorada?, porque si la recomendación es apostar por la descalificación, los ataques digitales y el enfrentamiento con actores políticos, quizá convendría cambiar de estrategas antes de que comience la campaña; porque en una elección sindical, el adversario no siempre es quien aparece en la boleta; a veces, el peor enemigo es el mal consejo.
Y aquí aparece otra interrogante que merece algo más que un meme: ¿de verdad creen que confrontar al Gobierno del Estado y colocarlo en el centro de sus ataques les dará dividendos electorales? ¿O acaso suponen que pueden convertirlo en un adversario para después presentarse como los valientes que se atreven a desafiarlo?
¡Vaya idea tan descabellada como absurda!
Porque, más allá de las simpatías y los discursos, hay una realidad que cualquier estratega medianamente experimentado debería entender: a los taxistas, como a la mayoría de las personas, no les gusta jugar del lado de los perdedores y si una estrategia proyecta confrontación, aislamiento y una batalla cuesta arriba contra el poder político, muchos podrían pensarlo dos veces antes de sumarse a ella.
Salvo, claro, que en la Planilla Dorada estén convencidos —si es que realmente han medido las consecuencias— de que pueden ganarle al Gobierno del Estado, al que pretenden involucrar en esta disputa al presentarlo como aliado de Michel Díaz.
Y es que una cosa es competir contra la Planilla Verde y otra muy distinta es querer convertir al gobierno en enemigo para después presumir que se le puede derrotar.
¿De verdad alguien cree que esa narrativa les suma votos? ¿Qué ganan los concesionarios con una dirigencia empeñada en abrir frentes políticos, en lugar de concentrarse en resolver los problemas del sindicato? ¿Quién les hizo creer que confrontar al poder es, por sí mismo, una estrategia ganadora?
Porque si el cálculo consiste en hacer creer que Michel Díaz cuenta con el respaldo del Gobierno del Estado y utilizar esa percepción para golpearlo, el resultado podría ser exactamente el contrario: terminar fortaleciendo la imagen de su adversario y proyectando a la Planilla Dorada como un equipo que busca enemigos antes de presentar soluciones.
En política, una cosa es denunciar una supuesta intervención y otra muy distinta es inventarse una batalla contra un adversario que ni siquiera está en la boleta, y si los estrategas dorados no distinguen entre ambas cosas, el problema no es Michel Díaz: el problema está en su propia mesa de decisiones.
Y ahora, la pregunta del millón: ¿de verdad alguien cree que los ataques en redes sociales van a inclinar por sí solos una elección en la que participan concesionarios con intereses, experiencia y criterio propios? ¿O será que algunos están confundiendo el ruido de las redes con la realidad de las bases sindicales?
Porque una cosa debe quedar muy clara: el sindicato no se gana con inteligencia artificial, sino con inteligencia política; no con perfiles falsos, sino con votos reales; y no amenazando, sino convenciendo.
Este viejo y correoso Gato Maya no reparte triunfos anticipados ni vende encuestas imaginarias. La moneda sigue en el aire y será la urna la que dicte sentencia; pero cuando una campaña todavía no comienza y los ataques ya van a todo vapor, algo no está funcionando en la estrategia de quienes prefieren disparar desde las sombras en lugar de dar la cara.
La realidad es que mientras unos fabrican memes, otros suman liderazgos, mientras unos buscan enemigos, otros presumen alianzas y mientras unos apuestan a la confrontación, los concesionarios observan, calculan y deciden de qué lado quieren estar.
Al final, serán ellos quienes tengan la última palabra…
Porque los memes pueden hacer ruido, los bots pueden inflar tendencias y la inteligencia artificial puede fabricar imágenes; pero todavía no existe algoritmo capaz de garantizar un voto y mucho menos uno que convierta una estrategia de confrontación en una victoria electoral… Al tiempo.
Fuente: Luis Mis
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