Lunes · Septiembre 14, 2026
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Pablito Gutiérrez en campaña anticipada: junta cacharros para pepenar votos en 2027

Pablito Gutiérrez en campaña anticipada: junta cacharros para pepenar votos en 2027
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Hay descubrimientos que merecen ser registrados para la historia de la administración pública y el de Pablo Gutiérrez Fernández bien podría ocupar un capítulo especial: después de varios años de gobierno municipal, finalmente descubrió que en Cancún existen vehículos abandonados, cacharros, calles deterioradas y colonias que necesitan atención, donde ahora encabeza un operativo que el Ayuntamiento presenta con entusiasmo como parte de la construcción de un Cancún “más ordenado, limpio y seguro”.

El problema es que semejante despliegue de eficiencia llega demasiado tarde y, por si fuera poco, en una etapa en la que los tiempos electorales comienzan a asomarse en el horizonte. Por eso resulta difícil no mirar con sospecha política esta súbita conversión de funcionarios municipales en protagonistas de operativos, recorridos y fotografías de trabajo, como si gobernar las calles fuera una novedad recién incorporada al manual de funciones.

Porque retirar un vehículo abandonado, recoger cacharros o atender un reporte ciudadano no constituye una hazaña administrativa; es precisamente el tipo de tarea que una administración municipal debe realizar de manera ordinaria, sistemática y desde el comienzo de su gestión, no cuando conviene demostrar actividad política.

Y este gato puede hablar de la Supermanzana 94 donde ayer estuvo Pablito, sin necesidad de que nadie le explique la realidad desde un comunicado, porque tiene su propio tejado en esta zona y conoce de primera mano los pendientes que siguen esperando algo más que una visita oficial.

Aquí el problema no termina en los cacharros. La seguridad pública requiere una presencia mucho más efectiva, particularmente en espacios donde la percepción de abandono termina convirtiéndose en terreno fértil para conductas delictivas. Las calles, además, continúan reclamando mantenimiento serio, porque transitar entre baches no puede considerarse una característica normal de una ciudad que pretende presumirse moderna, turística y en transformación.

Y si de recuperar espacios se trata, habría que preguntarle al Ayuntamiento qué piensa hacer con el llamado mercado municipal, porque resulta difícil sostener ese nombre cuando el lugar se encuentra sumido en un deterioro que, con la presencia de indigentes y la percepción de inseguridad, ha terminado desvirtuando por completo la función que debería cumplir. De mercado conserva el nombre; de espacio digno para comerciantes y vecinos, nada porque también se ha convertido en un cementerio de autos desvalijados.

Lo mismo puede decirse del parque popular, o de lo que queda de él, porque después de tanto tiempo de olvido prácticamente permanece el piso como testimonio de que alguna vez existió la intención de ofrecer a los habitantes un espacio público para convivir, practicar deporte y disfrutar de su colonia. Ese abandono también forma parte de la realidad de la Supermanzana 94 y difícilmente puede desaparecer porque un día llegaron unas máquinas a recoger cacharros.

Ahí está precisamente la diferencia entre administrar y hacer política con la administración: un gobierno serio no necesita convertir cada obligación cumplida en una campaña de relaciones públicas, porque los resultados terminan siendo visibles por sí mismos. La ciudadanía sabe perfectamente cuándo una calle fue reparada, cuándo una luminaria funciona, cuándo un parque está recuperado y cuándo puede caminar con mayor tranquilidad por su colonia.

Por eso, más que presumir un operativo, Pablo Gutiérrez tendría que explicar por qué muchos de estos problemas llegaron hasta este punto y por qué tuvieron que esperar tanto tiempo para recibir atención. Si existe realmente una estrategia permanente, entonces habría que verla reflejada no solamente en una jornada de limpieza, sino en un programa integral que permita recuperar la Supermanzana 94, mejorar sus calles, reforzar la seguridad, dignificar el mercado y devolverle al parque popular la condición de espacio público que perdió hace tiempo.

Porque de eso se trata gobernar: de resolver antes de que el problema se vuelva paisaje y no de aparecer después para fotografiarse retirando las consecuencias del abandono.

Y aquí es donde el discurso oficial empieza a quedarse corto. Hablar de “transformación” resulta demasiado ambicioso cuando todavía existen colonias que reclaman servicios básicos, infraestructura y seguridad; pero resulta políticamente conveniente cuando se acerca una época en la que cada acción pública comienza a adquirir inevitablemente una lectura electoral.

Este gato no cuestiona que limpien. Al contrario: que limpien, que reparen, que recuperen y que protejan. Lo que cuestiona es que después de años pretendan presentar como transformación lo que debió ser una responsabilidad cotidiana desde el primer día de la administración.

Y como diría este incomprendido gato del Mayab: Pablito no está recogiendo cacharros; está recogiendo reflectores.

Porque si las señales políticas no engañan, el muchacho ya estaría haciendo méritos en Morena o el Verde para la presidencia municipal de Benito Juárez o, de perdido, para una diputación federal en 2027.

El detalle es que una cosa es limpiar la ciudad y otra muy distinta pretender limpiar de golpe el expediente de años de pendientes con una escoba electoral.

Porque los cacharros podrán desaparecer en una jornada, pero los baches, la inseguridad, los parques abandonados y las colonias olvidadas no se recogen con maquinaria ni se borran con boletines de prensa.

Así que este minino recomienda a Pablito que siga juntando cacharros, porque nunca se sabe: quizá entre un refrigerador viejo, un automóvil abandonado y una llanta ponchada encuentre también los votos que necesita para llegar a la boleta de 2027.

Pero si de verdad quiere la presidencia municipal, tendrá que entender algo muy sencillo: Cancún no necesita un candidato que venga a descubrir sus problemas; necesita un gobernante capaz de resolverlos antes de que se conviertan en propaganda. Porque una cosa es pepenar basura y otra, bastante más complicada, es pepenar votos.