Lunes · Septiembre 14, 2026
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Prevenir las adicciones también es cuidar a las familias y abrir caminos de esperanza en Playa del Carmen

Hablar de prevención de adicciones y salud mental es hablar de personas; de niñas y niños que necesitan ser escuchados, de adolescentes que enfrentan presiones y conflictos que muchas veces no saben cómo expresar, de jóvenes que buscan una salida a sus problemas y de familias que

Prevenir las adicciones también es cuidar a las familias y abrir caminos de esperanza en Playa del Carmen
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Hablar de prevención de adicciones y salud mental es hablar de personas; de niñas y niños que necesitan ser escuchados, de adolescentes que enfrentan presiones y conflictos que muchas veces no saben cómo expresar, de jóvenes que buscan una salida a sus problemas y de familias que, en ocasiones, no encuentran las herramientas para acompañarlos.

Por eso, el convenio de colaboración firmado entre el gobierno de Playa del Carmen a través del DIF municipal y los Centros de Integración Juvenil (CIJ) A.C. representa algo más que un acuerdo institucional, es una apuesta por atender una realidad social que requiere sensibilidad, prevención y, sobre todo, acompañamiento.

La alianza busca fortalecer las acciones de prevención de las adicciones, promover la salud mental y ampliar la atención integral para niñas, niños, adolescentes, jóvenes y sus familias; una tarea que difícilmente puede resolverse desde una sola institución y que exige la participación coordinada de autoridades, especialistas, organizaciones sociales y, por supuesto, de la propia comunidad.

Durante la firma del convenio, el presidente honorario del Sistema DIF Playa del Carmen, Eduardo Asencio, destacó la importancia de fortalecer las jornadas comunitarias, talleres, campañas informativas, programas preventivos y mecanismos de canalización para que quienes necesiten atención especializada puedan acceder a ella de manera oportuna.

Y ahí está uno de los mayores retos: llegar antes de que el problema se convierta en una crisis porque la prevención comienza muchas veces con algo tan sencillo, pero tan importante, como escuchar.

Detectar a tiempo una señal de alarma, identificar cambios en el comportamiento de un adolescente, atender una situación de violencia familiar o reconocer un problema emocional puede marcar la diferencia entre una dificultad pasajera y una historia que se complique con el paso del tiempo.

La directora general de CIJ A.C., María Fernández Cázares, puso sobre la mesa precisamente algunos de los factores que pueden incrementar la vulnerabilidad de niñas, niños y adolescentes, como los problemas de salud mental, la violencia familiar, el acoso escolar y el consumo de sustancias.

No se trata de estigmatizar ni de señalar sino de comprender que detrás de una adicción casi siempre existe una historia humana que merece ser escuchada y atendida.

En este sentido, la colaboración con instituciones especializadas puede ayudar a fortalecer la capacidad de respuesta del municipio a través de la experiencia técnica de los Centros de Integración Juvenil que permitirá ampliar programas preventivos, atención terapéutica y asesorías especializadas, mientras que el Sistema DIF puede continuar desempeñando un papel fundamental en la atención social, psicológica y jurídica de las familias.

Sin embargo, quizá el mayor valor de este esfuerzo está en entender que la recuperación no es un camino que una persona deba recorrer sola; que las familias también necesitan orientación, apoyo y acompañamiento, porque cuando una persona enfrenta una adicción o un problema de salud mental, el impacto alcanza a todo su entorno.

Y es que la visión de construir un gobierno cercano y humano adquiere sentido cuando las políticas públicas logran tocar la vida cotidiana de las personas. Prevenir las adicciones no significa solamente organizar campañas; significa crear redes de apoyo, fortalecer a las familias, generar espacios seguros para los jóvenes y garantizar que quien pida ayuda encuentre una puerta abierta.

Playa del Carmen es una ciudad en constante crecimiento y, como toda comunidad, enfrenta desafíos sociales que requieren respuestas colectivas y frente a las adicciones y los problemas de salud mental, la indiferencia nunca será una solución.

Cada niño escuchado a tiempo, cada joven orientado, cada familia acompañada y cada persona que recibe atención oportuna representa una oportunidad para cambiar una historia.

Al final, prevenir las adicciones no es solamente evitar el consumo de sustancias, es cuidar la vida, proteger a las familias y construir una comunidad donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza, sino el primer paso hacia una nueva oportunidad.