Por Luis Mis
Dice la gobernadora Mara Lezama que la juventud está en el centro de la paz. Y lo dice convencida, con ese tono de programa institucional dominical que intenta mezclar cercanía, datos duros y esperanza administrada.
En La Voz del Pueblo volvió a repetir la fórmula: la paz no se construye sólo con patrullas ni detenciones, sino con educación, deporte, salud y espacios seguros. Y este gato escribidor, que maúlla pero no muerde sin razón, tiene que admitirlo: el planteamiento es correcto. Ningún estado pacifica nada si abandona a sus jóvenes a la deriva del cristal y la esquina.
El estado se suma a la estrategia nacional “Jóvenes Transformando México”, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Suena bien.
Suena grande.
Suena nacional.
Y en política, el sonido importa casi tanto como el presupuesto.
También están los Pilares DIF, los centros comunitarios, los espacios seguros. Playa del Carmen y Cancún ya tienen los suyos. El mensaje es claro: antes de que el muchacho agarre la moto para hacer un encargo indebido, mejor que agarre un balón o una beca.
La apuesta, en papel, es impecable: intervenir antes de que el problema explote.
Pero aquí viene el detalle que incomoda a cualquier discurso bien peinado: en política pública la intención no pacifica barrios. Lo que transforma es la cobertura real, el dinero sostenido, la evaluación sin maquillaje y la permanencia.
Quintana Roo no es un estado pequeño ni homogéneo. Crece rápido, desordenado y desigual. Hay colonias donde el joven escucha más ofertas del narcomenudeo que del sistema educativo. Ahí es donde se mide la eficacia.
Porque si los Pilares se vuelven vitrinas bonitas, si las becas no alcanzan, si los programas dependen del ánimo presupuestal del siguiente ejercicio fiscal, entonces la paz seguirá siendo un concepto en construcción…
Este gato lo dice sin rasguñarlo todo: apostar por la prevención es lo correcto. Pero la prevención no puede ser un capítulo del discurso; debe ser una política de Estado con dientes, recursos y seguimiento.🐾