El Gato Maya

Ni “Rafa”, ni “Gino” y menos Ana Paty:la gran farsa rumbo al poder.

Por Luis Mis

Este gato maya —que ya ha visto más procesos que promesas cumplidas— lo dice sin rodeos: las encuestas dejaron de medir opinión pública y ahora miden capacidad de pago. Son parte del circo político adelantado en Quintana Roo.

Sirven para inundar redes sociales, para crear percepción, para que el algoritmo no se incline hacia un solo bando y así fabricar una ilusión de competencia vibrante rumbo a la gubernatura en el 2027.

Y es que en esta tierra donde el sol brilla parejo pero la simulación brilla más, las encuestadoras han pasado de ser instrumentos demoscópicos a convertirse en agencias de relaciones públicas con Excel avanzado.

Hay tantas que ya ni caso tiene mencionar nombres; todas presumen “metodologías científicas”, pero entregan resultados tan contradictorios que uno pensaría que levantaron sus muestras en planetas distintos.

Resulta que según una encuesta, Rafael ‘Rafa’ Marín Mollinedo ya casi tiene un pie en la silla; otra coloca a Eugenio ‘Gino’ Segura como el fenómeno imparable; y una más nos vende la narrativa de que Ana Paty Peralta cabalga sola rumbo a la gloria electoral. Tres encuestas, tres realidades paralelas, un mismo pagador detrás del telón.

Porque seamos serios: no es posible que estudios “profesionales” arrojen resultados diametralmente opuestos sin que alguien esté pagando por la versión que más le conviene. Aquí la estadística se maquilla más que candidata en cierre de campaña.

Pero el verdadero termómetro no está en los PDFs con gráficas coloridas. Está en la combi, en el mercado, en la fila del Oxxo, en el taxista que ya no se traga cuentos. Está en la señora que dice “todos son lo mismo” y en el joven que ni siquiera sabe quién es quién, pero sí sabe que la ciudad sigue igual o peor.

Aquí la pregunta incómoda no es quién va arriba en la encuesta de la semana. La pregunta es: ¿quién paga tanto posicionamiento? Porque nadie cree —y el que lo crea que vaya pidiendo cita con el sentido común— que esos espectaculares, campañas digitales y estudios demoscópicos salga de la bolsa de “los amigos”. Y mucho menos del bolsillo personal de los protagonistas.

La dilapidación es obscena. Mientras la calle exige resultados, seguridad y servicios dignos, la clase política juega a la guerra de percepciones. Puro fuego artificial. Mucho ruido, poca sustancia.

Ni “Rafa”, ni “Gino” y menos Ana Paty deberían confiarse en esas cifras de papel couché. Porque cuando el ciudadano realmente decide castigar, no avisa en encuesta previa. La sorpresa no viene en porcentaje; viene en urna.

Y aquí el gato maya deja su moraleja:�La política que se sostiene en encuestas pagadas termina creyéndose su propia mentira. Y cuando despierta, ya es demasiado tarde. 🐾

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