En Quintana Roo hay un milagro digno de estudio: mientras el discurso oficial jura que el transporte se está “ordenando”, el padrón de mototaxistas crece como gremlin después de medianoche. Más unidades, más rutas, más cascos… y menos explicaciones. Regularse no se regula, pero multiplicarse, eso sí, con disciplina ejemplar.
Lo curioso —o lo sospechoso— es que nadie quiere hablar del tema. Ni Imoveqroo, ni sus funcionarios, ni quienes deberían dar la cara. El mototaxi es el elefante en la sala: grande, ruidoso y cobrando… perdón, circulando, como si nada.
Los mototaxistas, esos eternos “tolerados”, no solo pagan cuotas que viven en el limbo legal, sino que ahora forman un ejército rodante cuyo crecimiento parece responder menos a la planeación urbana y más a una lógica de caja. Porque si no hay regulación, pero sí hay cobros, entonces no hay desorden: hay negocio.
Y aquí es donde los nombres empiezan a incomodar. Dicen —porque así se ha señalado públicamente— que Rafael Kotasek, con antecedentes de cobros y chanchullos en Mérida, Yucatán, durante el gobierno del panista Mauricio Vila, conoce muy bien el arte de administrar padrones flexibles y bolsillos firmes.
Y también se dice que Indhira Carrillo, vocera oficial de Imoveqroo, fue señalada en Playa del Carmen (cuando aún era Solidaridad, en los tiempos de Mauricio Góngora) por prácticas que poco tienen que ver con la transparencia… y mucho con el silencio bien administrado.
Pero claro, todo eso debe ser coincidencia. Coincidencia que el padrón crezca. Coincidencia que nadie audite. Coincidencia que los mototaxistas paguen sin saber a cambio de qué. Coincidencia que nadie —ni Kotasek ni Carrillo— salgan a explicar públicamente por qué hay más motos que reglas.
Porque si el transporte estuviera realmente en proceso de regularización, lo lógico sería ver menos tolerados y más legalidad. Pero aquí ocurre lo contrario: más tolerados, más cuotas y menos Estado. Un modelo eficiente… para recaudar.
Rumbo al 2027, el asunto deja de ser administrativo y se vuelve político. Los mototaxistas no solo transportan pasajeros: transportan votos, estructuras territoriales y movilización electoral. Tenerlos “contentos” —léase: cobrados y controlados— es una tentación demasiado grande como para desperdiciarla con una auditoría incómoda.
Por eso nadie quiere hablar del padrón inflado. Por eso nadie quiere transparentar los cobros. Por eso la vocería calla y la dirección mira a otro lado.
Pero como buen gato sabe, cuando una colonia crece sin control, no es porque no haya dueño… es porque alguien ya está cobrando la renta.
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