Lunes · Septiembre 14, 2026
El Gato Maya
Inicio General Generando Ideas, Gustavo Miranda y el pánico de una fauna políti…

Generando Ideas, Gustavo Miranda y el pánico de una fauna política acostumbrada al silencio, la simulación y el control.

Pareciera que en Quintana Roo el sistema político ya no gobierna: administra la costumbre. Costumbre a la inseguridad, al silencio oficial, al “no pasa nada” mientras pasa de todo. Y en ese pantano de simulación, cualquier cosa que huela a organización ciudadana se vuelve inmedia

Generando Ideas, Gustavo Miranda y el pánico de una fauna política acostumbrada al silencio, la simulación y el control.
Compartir Facebook X WhatsApp

Pareciera que en Quintana Roo el sistema político ya no gobierna: administra la costumbre. Costumbre a la inseguridad, al silencio oficial, al “no pasa nada” mientras pasa de todo.

Foto 1

Y en ese pantano de simulación, cualquier cosa que huela a organización ciudadana se vuelve inmediatamente subversiva.

Por eso el movimiento Generando Ideas, encabezado por Gustavo Miranda, no sólo incomoda: provoca ronchas.

Porque no nace desde el boletín oficial, ni desde la comodidad del cargo, ni desde la narrativa autorizada. Nace —pecado capital— desde la crítica directa a un sistema que lleva años fallando… y cobrando como si triunfara.

El sistema, hay que decirlo, no está molesto por el diagnóstico. Ese lo conoce. Lo sufre. Lo encubre.

Lo que lo pone nervioso es que alguien lo diga en voz alta y, peor aún, convoque a la gente a organizarse sin pedir permiso.

Y como en Quintana Roo nada puede ser sólo lo que parece, rápidamente empezaron a circular los susurros.

Que si esto no es sólo ciudadanía. Que si hay manos invisibles. Que si hay operadores. Que si hay café servido en mesas donde no hay selfies.

Las malas lenguas —esas que nunca se equivocan pero jamás firman— aseguran que detrás de este movimiento “casi subversivo” asoma la silueta de Jorge Brizuela, “El Venezolano”, personaje polémico donde los haya, presuntamente moviendo hilos, convocando reuniones discretas y aprovechando el fin de semana largo para algo más que descansar.

Dicen. Sólo dicen.

Y dicen también que en esas mesas —donde no entran celulares ni testigos incómodos— habrían coincidido viejos conocidos del poder, como el exgobernador Félix González Canto, la regidora cozumeleña Ana Arana Martín y, si el chisme se pone gourmet, hasta personajes de ligas mayores, de esas que hacen que a la fauna política local le dé hipo sólo de escucharlas.

Hay versiones tan exageradas que ya parecen realismo mágico tropical: que si el director de la DEA para América Latina, que si operadores internacionales, que si empresarios de esos que no salen en revistas pero sí en decisiones.

Nadie lo confirma. Nadie lo desmiente.

En política, ese es el punto exacto donde el rumor empieza a caminar solo.

Y como todo buen mito político, la historia no crece: se refina. Se comenta en voz baja que los hilos ya se tejen entre exgobernadores de largo colmillo, mandos militares que no figuran en organigramas y altos responsables de seguridad acostumbrados a operar lejos del reflector; que existen encuentros “casuales” con grandes empresarios en sitios donde no hay meseros curiosos ni teléfonos con señal; y que todo obedecería a un viejo “pacto” cocinado a fuego lento desde Chiapas, hoy oportunamente desempolvado porque el sistema local, agotado y sin reflejos, simplemente dejó de responder.

¿Es cierto? ¿Es exageración? ¿Es paranoia del poder?

Quién sabe.

Lo único claro es que cuando el sistema empieza a inventar conspiraciones, es porque algo real lo está incomodando. Nadie arma novelas tan elaboradas para movimientos irrelevantes.

Gustavo Miranda, mientras tanto, hace lo imperdonable en Quintana Roo: organizar sin alinearse, hablar sin pedir permiso y advertir que el emperador no solo está desnudo, sino rodeado de cortesanos armados que aplauden la inexistencia del traje y persiguen a quien se atreva a señalarla.

Y es que en Quintana Roo la inseguridad ya no es un problema: es la autoridad de facto. El derecho de piso se cobra con puntualidad de reloj suizo y los negocios cierran más rápido que las oficinas públicas cuando hay bronca. Y mientras tanto, el sistema político repite su canción favorita: todo está “bajo control”, aunque nadie sabe muy bien de quién ni para quién es ese control.

Porque aquí el único que manda de verdad es el que cobra por la calle… y los demás, los que deberían gobernar, se han vuelto especialistas en una disciplina muy local: administrar el silencio, aplaudir el desastre y posar para la foto.

El sistema quisiera reducir Generando Ideas a un chisme, a un rumor, a una grilla. Porque enfrentarlo como fenómeno ciudadano implicaría aceptar su fracaso.

Y eso sí que no.

Así que seguirán los cuchicheos, las filtraciones, las historias cada vez más delirantes. Porque en este estado, cuando el poder no puede controlar un movimiento, intenta ridiculizarlo o satanizarlo.

Pero cuidado:

A veces, entre tanta burla y tanto rumor, algo sí se está moviendo.

Y eso, para un sistema acostumbrado a la inmovilidad, es la verdadera amenaza.