El Gato Maya

Calles rotas, autoridades ausentes: crónica del abandono en las Regiones 91 y 92

Por Luis Mis

En algún punto del glorioso Cancún —ese que vive eternamente joven en los folletos turísticos y en los discursos oficiales— existen dos regiones que no aparecen ni en el mapa del progreso ni en la memoria selectiva de nuestras autoridades: las Regiones 91 y 92.

Aquí no llueve: se activa el programa “Lodo para Todos”.

Aquí no hay obras: hay zanjas con vocación de permanencia.

Aquí no hay progreso: hay polvo del bueno, del que entra por la nariz y se queda en el sistema respiratorio como recuerdo institucional.

Desde septiembre del año pasado —sí, del año pasado, cuando todavía no estábamos en temporada pre electoral— una empresa fantasma, presuntamente contratada por Aguakan, decidió demostrar que en Cancún abrir calles es facilísimo… lo difícil es cerrarlas.

Rompieron avenidas, destrozaron calles y luego hicieron lo que mejor saben hacer ciertos contratistas: desaparecer, dejando atrás cráteres, montañas de tierra y la certeza de que se vive en una zona de sacrificio urbano aprobada por omisión.

Las calles no están en reparación: están en observación, como paciente sin seguro.

El pavimento no está dañado: fue dado de baja del padrón.

Y la repavimentación… bueno, esa vive en el mismo lugar que la rendición de cuentas, la supervisión de obra y las promesas de campaña: en el discurso.

De la avenida Francisco I. Madero hasta la Av. Puerto Juárez, mejor conocida como Talleres, pasando por Bachilleres, Ruta 4, Ruta 5 y la calle 71, el paisaje es uniforme: zanjas abiertas, parches inexistentes y vecinos desarrollando habilidades de parkour urbano para llegar a casa sin perder un tobillo, una llanta o la fe en el municipio.

“Estamos cambiando tuberías”, dicen.
¿Reparar calles? No, eso ya sería gobernar.

Los ciudadanos —esas criaturas mitológicas conocidas como contribuyentes cumplidos— han intentado alzar la voz. Pero ya sabemos cómo opera el sistema:

—Si hablas bajito, no existes.
—Si eres vecino, estorbas.
—Si no tienes seguidores, no eres agenda pública.
—Y si no es año electoral, puedes esperar sentado… en el bache.

Por eso existe esta crónica. Porque mientras Cancún presume modernidad, inversión y desarrollo en ruedas de prensa, en las Regiones 91 y 92 siguen siendo rehenes del polvo, el lodo y la elegante indiferencia institucional.

Porque las calles no se rompen solas. Y porque el silencio oficial también deja baches… pero esos sí nadie los tapa.

Aquí no se piden milagros.

Se pide que cierren lo que abrieron.

Se piden calles transitables, no pistas de rally patrocinadas por la negligencia.

Se pide que alguien —alguien con nombre, cargo y sueldo público— se haga responsable.

Pero si no pasa nada, que al menos quede constancia.

Que cuando pregunten dónde estaba el gobierno, se señale el hoyo…el mismo hoyo que lleva meses esperando autoridad, voluntad… o hasta el 2027, cuando ya estén en campaña.🐾

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