El Gato Maya

FITUR 2026: el Caribe Mexicano se vende… y la política también

Por Luis Mis

En Madrid, durante la FITUR 2026, la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, no sólo fue a vender playas, selva y experiencias “todo incluido”. Fue, sobre todo, a vender un proyecto político envuelto en aroma a coco y discurso de bienestar. Porque en estos tiempos, el turismo no se promueve sólo con folletos, sino con narrativa de gobierno.

Bajo el eslogan “Caribe Mexicano, la capital mundial de las vacaciones”, el mensaje sonó ambicioso, casi grandilocuente. Y como buen gato maya, uno no puede evitar rascarle al tapete: cuando un gobierno habla de “capital mundial”, en realidad está diciendo “sigo mandando, sigo siendo relevante y sigo teniendo con qué”. FITUR fue eso: una pasarela de poder suave, pero poder al fin.

Políticamente, la jugada es clara. En un estado donde el turismo es oxígeno, pulmón y sistema circulatorio, Mara Lezama mandó una señal de control: Quintana Roo no está a la deriva, tiene timón, discurso y agenda internacional. Y eso, en tiempos de rumores económicos, presiones fiscales y nerviosismo empresarial, vale oro político.

El concepto de la “Nueva Era del Caribe Mexicano” no es sólo una frase bonita para el aplauso europeo. Es un intento de romper con el viejo modelo de crecimiento voraz… al menos en el discurso. Turismo con justicia social, sostenibilidad, prosperidad compartida. Palabras que suenan bien en Madrid y mejor todavía en los boletines oficiales, aunque en las colonias populares todavía estén esperando que esa prosperidad agarre camión.

FITUR también fue un mensaje hacia dentro. Hacia los actores políticos locales, hacia los grupos empresariales y, claro, hacia quienes ya están pensando en el 2027 aunque no lo digan en voz alta. La gobernadora se mostró como la cara visible del proyecto, la que abre puertas, la que negocia, la que representa. En política, eso se llama posicionamiento.

El problema, como siempre, no está en la alfombra roja, sino en la banqueta. El discurso de bienestar turístico tendrá que pasar la aduana de la realidad: salarios, servicios, seguridad, movilidad, vivienda. Ahí no hay FITUR que alcance ni eslogan que tape los baches.

Así que sí, en Madrid se vendió el Caribe Mexicano… pero también se vendió una idea de gobierno.

Y como buen gato maya, uno se queda mirando con ojo crítico y bigote levantado, porque en Quintana Roo ya aprendimos que entre la postal y la vida diaria suele haber un trecho incómodo.

Habrá que ver si esta “capital mundial de las vacaciones” también logra ser, algún día, capital del bienestar prometido.🐾

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