El Gato Maya

Cuando la política vuelve a la milpa

Por Luis Mis – Gato Maya 🐾

En Quintana Roo, la política suele hablar fuerte… pero escuchar poco. Por eso no es menor —ni folclor— que el poder se haya sentado recientemente con el Gran Consejo Maya. No para la foto rápida ni para el discurso con plumas prestadas, sino para hablar de algo más incómodo y más profundo: la deuda histórica.

Porque los pueblos mayas no piden favores. Reclaman lo que siempre fue suyo: derechos, respeto y futuro.

El encuentro sirvió para hacer un corte de caja del 2025 y, más importante aún, para trazar prioridades rumbo al 2026. Traducción política: pasar del “los vamos a tomar en cuenta” al “aquí están los acuerdos”. Y eso, en un estado donde por décadas la zona Maya sólo aparecía en discursos patrióticos o en trípticos turísticos, ya es un cambio de narrativa.

Desde el gobierno estatal se insiste en un concepto que no es casual: Humanismo con Corazón Feminista. Más allá del eslogan, lo interesante está en los hechos que buscan sostenerlo. La firma del Nuevo Acuerdo para dar visibilidad real a la zona Maya en proyectos como Maya Ka’an no sólo toca el turismo; toca el control del territorio, la derrama económica y quién se beneficia de ella.

Porque no es lo mismo llevar turistas a la selva que integrar a las comunidades como protagonistas, no como paisaje.
El apoyo directo a bordadoras, artesanas y artesanos, y su vinculación con programas sociales y plataformas como Hecho en Quintana Roo, tiene una lectura política clara: dignificar el trabajo ancestral y sacarlo del asistencialismo. Que la cultura no sea limosna, sino economía con identidad.

Y la restauración del Museo de la Guerra de Castas en Tihosuco es quizá el gesto más simbólico. Ahí no se restaura un edificio: se restaura la memoria. Recordar que este estado no nació de la calma, sino de la resistencia. Que el pueblo maya no fue espectador de la historia, fue protagonista… aunque muchos gobiernos hayan preferido olvidarlo.

Hoy el discurso oficial promete que nunca más vivirán en el abandono. Suena bien. Pero en política, prometer es fácil; sostener es lo complicado. El verdadero reto será que estos acuerdos no se queden en la coyuntura, ni se diluyan cuando cambien los calendarios electorales.

Porque honrar a los pueblos originarios no es visitarlos una vez al año.
Es gobernar con ellos, no sobre ellos.
Y si esta vez la política decidió volver a la milpa, ojalá no sea sólo para tomarse la foto…
sino para quedarse a trabajar la tierra.

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