El Gato Maya

Farid Rentería y el raro fenómeno de caer bien sin gritarlo

Por Luis Mis

En la política local hay algo más escaso que la congruencia: la aceptación espontánea.

Por eso llamó la atención la llegada de Farid Rentería, titular del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, a la mega posada navideña organizada en Playa del Carmen por la Fundación Faro, en el marco del encuentro de Amigos de Rafa Marín. No por el cargo, no por la foto, sino por algo que no se fabrica con acarreados ni guiones: la reacción genuina de la gente.

Más de 2 mil 500 personas reunidas en el rancho “El Guadalupano” en un ambiente festivo, familiar y popular. Y para sorpresa de los escépticos de oficio, aplausos sinceros, saludos francos y cero olor a obligación política. Más Navidad que grilla… y eso ya dice mucho.

Farid no llegó como turista político ni como funcionario en modo relámpago.
Llegó como lo que es: playense de corazón-así lo dijo-.
Y eso se nota. En cómo se mueve, en cómo saluda, en cómo entiende el ritmo del lugar. Aquí no hubo el clásico “llego, saludo a la mesa principal y me esfumo”. Hubo recorrido, charla, risas y paciencia. Cosas simples que, curiosamente, suman más que un discurso de veinte minutos.

Farid no llegó con ansiedad de escenario.
Llegó con tranquilidad de quien sabe que el evento no giraba en torno a él.

Saludó a la mayoría de los asistentes antes de decir una sola palabra. Escuchó más de lo que habló. Y cuando habló, fue breve. Nada de arengas, nada de frases infladas. En política, eso ya es casi un acto revolucionario.

Luego vinieron las palabras cortas y la rifa de regalos. Sí, hubo rifa. Pero sin el clásico tono de “yo les doy, ustedes me aplauden”. Fue más convivencia que mitin, más Navidad que precampaña.

Y ahí está la clave: cuando la política no se impone, fluye. O sea, lo que no se dijo, pero todos entendieron.

Farid Rentería no fue a destaparse.
No fue a prometer el 2026.
No fue a medirse en aplausómetro.
Fue a acompañar una mega posada organizada por la Fundación Faro.
Y eso bastó.

Por eso en tiempos donde abundan los políticos que llegan gritando para existir, a veces el que llega, convive y respeta el espacio termina diciendo mucho más.

Y sí, en esa posada quedó claro:
Farid Rentería no pasó desapercibido…
y eso, políticamente, pesa.

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