El Gato Maya

Navidad, poder y territorio: el mensaje de Atenea Gómez Ricalde que también es cálculo

Por Luis Mis

En política no existen los mensajes inocentes, y menos cuando vienen acompañados de villancicos, agradecimientos y buenos deseos.

El reciente mensaje navideño de Atenea Gómez Ricalde no fue sólo un saludo de temporada: fue, sobre todo, una reafirmación de territorio político, de narrativa de gobierno y de proyección hacia el año que viene.

El agradecimiento a seguidores y ciudadanos por acompañar “un año de retos, pero también de logros” funciona como un cierre de ciclo, pero también como una defensa anticipada de su gestión. En un escenario donde los balances siempre se disputan, la alcaldesa se adelanta y fija su propia versión: se avanzó, se cumplieron metas y hay rumbo.

El énfasis reiterado en las mujeres de Isla Mujeres no es casual ni solo discursivo. Es una base social clara, una apuesta política definida y un segmento que se busca consolidar como eje del proyecto. Cuando se habla de “sacar adelante a las mujeres” y de programas como Isleña de Corazón, se está hablando también de identidad política, de clientela social bien organizada y de una narrativa de gobierno con rostro humano.

Atenea Gómez también desliza una frase que merece atención: “sí hay políticos diferentes”. En tiempos donde la desconfianza hacia la clase política es generalizada, esta afirmación busca marcar distancia, diferenciarse y colocarse —implícitamente— del lado de quienes gobiernan con resultados y no sólo con discursos. Es una línea divisoria clara: nosotros sí, otros no.

El mensaje navideño sirvió además como anticipo del 2026. Regularización de la tierra, infraestructura urbana, calles, banquetas, mercados públicos, espacios deportivos, malecones, Casa de la Cultura, una nueva unidad de Bomberos y Protección Civil. La lista no sólo informa: construye expectativa. En política, anunciar también es gobernar, sobre todo cuando se busca mantener legitimidad y control del relato.

La mención explícita del trabajo coordinado con la gobernadora y la presidenta de la República no es menor. Es una señal de alineación política, de pertenencia al proyecto dominante y de respaldo institucional. En un contexto donde la cercanía con los centros de poder importa tanto como la obra pública, el mensaje reafirma que Isla Mujeres no está aislada ni políticamente huérfana.

Los gatos sabemos que anunciar es marcar. Se levanta la cola, se señala el poste y se dice: esto es mío.
La mención del trabajo “de la mano” con la gobernadora y la presidenta no es saludo institucional: es alineación estratégica. En cristiano-maya: estoy en la manada correcta. En un ecosistema donde el poder importa tanto como la obra, ese guiño vale oro… o croquetas premium.

Y ya que hablamos de colas levantadas y postes marcados, el gato no puede ignorar el maullido que viene de fuera del patio. Porque mientras el mensaje navideño habla de territorio, arraigo y continuidad, Flavio Carlos Rosado, secretario de Salud, ya levantó la mano para la alcaldía de Isla Mujeres… sin vivir ahí, sin historia ahí y sin olor a salitre en las uñas.

En lenguaje felino: candidato paracaidista. De esos que caen con logotipo, no con raíces. Morena parece coquetear otra vez con la idea de que el cargo se hereda por cercanía al poder y no por identidad con la comunidad. Y eso, en una isla, se nota más que en tierra firme.

El contraste es evidente: mientras el discurso oficial habla de mujeres, programas con nombre propio y continuidad local, aparece la tentación del dedazo elegante, del perfil importado, del “funciona en papel”. Y ya sabemos cómo termina eso: el papel aguanta todo; la isla, no.

Moraleja felina (segunda llamada): si Morena quiere ganar, que lea el terreno. En Isla Mujeres, el poder no se aterriza con paracaídas: se camina. Y el que no conoce las azoteas, se resbala.

El cierre de Atenea, cargado de emociones, felicidad y buenos deseos, cumple su función simbólica. Humaniza, acerca y baja la guardia del receptor. Pero el fondo permanece: mantener a Isla Mujeres como un municipio “limpio, ordenado, seguro” y con altos niveles de ocupación hotelera no es solo un ideal administrativo, es una carta de presentación política rumbo al futuro inmediato.

La Navidad permite decir las cosas con suavidad, pero el mensaje es claro: hay proyecto, hay continuidad y hay ambición de sostener resultados. El 2026 no será sólo un año de trabajo, será un año de evaluación política. Y en ese terreno, los discursos se miden menos por su emotividad y más por su capacidad de convertirse en hechos.

Porque en política, cuando huele a pino y a ponche, también huele a cálculo. Y el mensaje navideño de Atenea Gómez Ricalde vino envuelto en luces, abrazos y buenos deseos… pero con la garra bien afilada.

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