El Gato Maya

Del honor al error: la marcha donde un provocador valía más que cien inconformes

Por Luis Mis

Hoy en la Plaza de la Reforma no hubo marcha: hubo un velorio cívico, con cien dolientes que no llevaron flores, pero sí un hartazgo que ya empezó a oler a cadáver político.

Y en medio de ese rosario de indignación apareció un provocador: un espécimen único de la fauna presupuestívora. Uno solo. Uno. Pero bastó para demostrar que en Cancún ya … sólo manotean.

Porque mientras cien ciudadanos levantaban la voz, ese provocador —“enviado por quién sabe quién”, aunque todos sabemos exactamente quién— llegó a hacer su numerito: retar, provocar y salir corriendo a lamerle la mano a quien lo soltó. Las clásicas estrategias espontáneas, que de espontáneas sólo tienen la torpeza.

Y sí, el gobierno podrá decir que eran pocos.
Podrá minimizar, ridiculizar, inventar que fueron acarreados por el mismísimo neoliberalismo.
Podrá culpar a la noche, a la playa o a la lluvia, … a lo que quiera, menos a su propia ineptitud.

Pero lo que ya no puede ocultar es que Cancún huele a cansancio. Ese aroma agrio que los políticos reconocen en segundos pero pretenden ignorar… hasta que les truena en la cara.

Porque —como dijeron cien contra uno— estar con Claudia hoy ya no es un honor: es un error… y para muchos un horror.
Y ese “Error” va con E mayúscula: de esos que ni con el Photoshop político más descarado se puede disimular.

Hoy quedó claro que el oficialismo está tan desconectado que ni siquiera puede tolerar a cien personas sin mandar a su bufón de bolsillo. Y eso, querida lectora, querido lector, no es fortaleza institucional.

La verdad es simple, casi obvia:
– Cuando un gobierno manda provocadores, es porque ya perdió la calle.
– Cuando los ciudadanos los ignoran, es porque ya perdieron el respeto.
– Y cuando ambas cosas ocurren en el mismo día… es porque ya perdieron el poder, aunque sigan sin darse cuenta.

Hoy Cancún vivió ese extraño momento en el que cien personas representan más dignidad que un gobierno entero.
Y eso no es protesta: es radiografía,es diagnóstico, es sentencia temprana.

El provocador se fue. Los ciudadanos también.
¿Y el gobierno?. Ese ya no está: sólo queda su sombra… y ni esa da sombra.

Como diría este humilde felino del callejón periodístico: cuando un régimen se defiende con payasos, es porque ya perdió hasta el circo.

¿Usted qué opina?

Yo sólo maúllo lo que muchos ya rumian… en silencio, pero cada día más cerca del rugido.

Tendencias