El Gato Maya

Cancún huele a drenaje… y a desgobierno

Por Luis Mis

En Cancún ya no hace falta levantar la voz para denunciar el colapso del drenaje. Basta con respirar. El olor habla solo. Y no me refiero a la humedad, ni a la lluvia, ni al sargazo: hablo del perfume oficial de varias colonias, una fragancia entre aguas negras y heces fecales que ni el gobierno ni Aguakan han logrado—o querido—tapar.

El regidor Jesús Pool Moo lo dijo ayer en Cabildo con una serenidad que sólo da la costumbre: las coladeras no sólo apestan, ahora vomitan.

Sí, leyó bien: brotan heces fecales, como si las calles hubieran sido convertidas en letrinas públicas al amparo de la concesión.

Según “Chucho” Pool, ya hay casas donde los vecinos tienen que cerrar puertas y ventanas porque los gases del drenaje entran directo a la sala. Y en puntos como la avenida Las Torres y Quetzales, la escena es digna de película de terror clase B: los sanitarios funcionan en reversa. Uno se sienta a hacer del dos y termina recibiendo un tres, cortesía de Aguakan.

Pero lo mejor (o lo peor) vino después: el regidor pidió al municipio que exhorte a CAPA y a Aguakan a atender el problema. “Exhorte”, dice. Una palabra tan suave para un problema tan… líquido.

La alcaldesa Ana Paty Peralta estuvo de acuerdo. Por supuesto. ¿Quién no estaría de acuerdo cuando el drenaje ya escupe cosas que deberían permanecer debajo de la tierra y no saludar a los vecinos? Recordó que ya antes habían solicitado lo mismo. Y antes de eso, otra vez. Y antes otra, y así hasta llegar al origen de los tiempos… o al menos al origen de la concesión.

Incluso informó que estuvo en la Región 103 supervisando trabajos de desazolve. Bien por ella. Aunque uno se pregunta cuántas regiones más necesitarán que la alcaldesa llegue personalmente para que Aguakan despierte de su siesta multimillonaria.

Luego vino la frase estelar: “Esto pasó porque durante muchos años no se supervisó la concesión”. Ah, claro. La culpa es del pasado. De los gobiernos anteriores. De la herencia. De la alineación de Júpiter. De todo, menos de quienes hoy tienen el escritorio, la pluma y el poder para decidir.

Porque aquí entre nos: si Aguakan ha hecho lo que quiere durante décadas es porque siempre ha tenido gobiernos que se dejan, se hacen o se reparten.

La alcaldesa dice que ahora sí se supervisa, que ahora sí habrá orden, que ahora sí se acabaron los abusos. Pero mientras tanto, en varias colonias, la supervisión huele… igual que el drenaje: a pura promesa fermentada.

Y mientras los vecinos siguen enviando reportes, fotos y videos de coladeras vomitando aguas negras, lo único que brota consistentemente es el discurso oficial: ese que intenta convencer a la gente de que todo estará bien, aunque lo que tengan frente a su casa parezca un afluente del río Aguas de Nachas.

Porque en Cancún hay varias verdades que no se tapan ni con cemento ni con boletines:

  • Cuando las alcantarillas rebosan, también rebosa la incompetencia.
  • Cuando el drenaje colapsa, también colapsa la credibilidad.
  • Y cuando las heces salen a la calle, es porque alguien en el gobierno no hizo su trabajo.

Hoy, Cancún no está desbordado por las lluvias… está desbordado por las omisiones.

Y como diría este humilde felino, con el hocico fino y la paciencia corta:

Cuando una ciudad empieza a oler a drenaje es porque el gobierno ya huele a fin.

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