El Gato Maya

El suplente, el hindú y la media verdad del Fiscal

Por Luis Mis

En Quintana Roo la justicia no se calla… sólo habla bajito.

Durante su rueda de prensa de este lunes, el fiscal Raciel López Salazar admitió que sí se investiga a políticos y empresarios del estado por sus posibles vínculos con el hindú acusado por Estados Unidos de tráfico de indocumentados y lavado de dinero.

No mencionó nombres, claro. El sigilo judicial —esa delicada forma de proteger reputaciones con cargo— volvió a ser la excusa.

Sin embargo, a pregunta expresa de un reportero sobre si el diputado suplente César Santiago Augusto Frías Canché habría recibido financiamiento del empresario extranjero para su campaña política, el fiscal no lo negó.

Sólo atinó a decir que “todas las líneas de investigación siguen abiertas” y que “nadie está fuera del alcance de la ley.” Y ya se sabe: cuando el fiscal habla en plural, es porque el singular le pesa demasiado.

Pero no hizo falta que pronunciara nombres.
Su respuesta bastó para confirmar lo que en los pasillos del Congreso y en los cafés de Cancún se comenta sin grabadora: que el caso del “hindú benefactor” podría salpicar a más de un político, y que los dólares de la generosidad extranjera olían más a campaña que a inversión.

Entre los señalados por los rumores destaca César Frías Canché, suplente del hoy jefe de la oficina de la gobernadora, Eric Arcila Arjona.

Ese diputado suplente, político joven, discreto, que llegó sin ruido, pero que hoy suena más que la propia Fiscalía. Y es que en este paraíso, el dinero no se esfuma… simplemente cambia de playa.

Y es que el fiscal habló lo justo para parecer transparente y lo suficiente para no comprometer a nadie. Un equilibrio digno de equilibrista político: decir sin decir, admitir sin acusar, investigar sin tocar.

Si la Fiscalía no da nombres, la prensa tiene la obligación moral de recordarlos.
Si la justicia se demora, la opinión pública debe adelantarse.
César Frías Canché debe aclarar de una vez si ese presunto financiamiento existió, de dónde vino y qué favores quedaron pendientes.

Porque en política, como en los cenotes, lo que se hunde no desaparece: sólo espera el momento adecuado para salir a flote.

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