Por Luis Mis
En la política quintanarroense, los silenciosos suelen ser los más peligrosos.
Y si no lo cree, pregúntele a Jorge Sanén, el diputado que sin hacer ruido se acomodó en la silla más pesada del Congreso: la presidencia de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, además de asumir la investidura como líder de la bancada morenista y como dirigente estatal de Morena.
Desde ahí, movió piezas, aún teje acuerdos en la sombra y deja que otros se peleen por los reflectores mientras él suma poder con guantes blancos, controlando agendas, candidaturas y alianzas como quien juega ajedrez mientras los demás creen que están en damas.
Y ahora, entre pasillos y cafés de Cancún, ronda la pregunta que ya muchos se hacen con media sonrisa: ¿Será Sanén el candidato natural de Morena a la presidencia municipal de Benito Juárez?
Sanén no es de los que suben videos bailando ni se toma selfies en cada esquina. Su estilo es otro: el del operador discreto, el que habla poco pero acuerda mucho. Y en política, eso vale oro.
Ha mantenido la disciplina partidista, no se ha metido en pleitos inútiles y, sobre todo, no se ha quemado con los grupos internos que hoy se disputan el poder bajo la bandera guinda.
Desde el Congreso ha sabido navegar entre los egos, equilibrando lo que pocos logran: quedar bien con la gobernadora Mara Lezama sin perder autonomía en los acuerdos legislativos. Eso —para los que saben leer política— se llama olfato de supervivencia.
Hoy, ante una mayor concurrencia que la de sus compañeros diputados y de partido, Jorge Sanén rindió por la tarde su primer informe legislativo en el gimnasio Jacinto Canek.
No fue un acto de masas ni un mitin disfrazado: fue una muestra de músculo político, con presencia de cuadros, bases y curiosos que, más allá de escuchar el informe, querían medir el termómetro del poder y llegaron por su propio pie, pagando su respectiva combi o turicun… porque nada dice más “espontaneidad ciudadana” que comprar tu propio aplauso.
Y sí, los números hablaron: Sanén llenó más sillas que varios de sus colegas que presumen más “popularidad”. Ahí, en medio de aplausos calculados y discursos prudentes, el mensaje fue claro: Sanén está en ruta. El informe no fue propiamente un cierre de ciclo legislativo, sino un ensayo de candidatura.
Pero no nos hagamos: Cancún no es cualquier municipio. Es la joya de la corona, la caja chica y la vitrina nacional de todo gobierno. Ahí no basta con ser buen operador; hay que tener piel gruesa, carisma callejero y, sobre todo, capacidad de aguantar fuego amigo. Sanén tiene estructura, relaciones y respaldo político… pero, ¿tiene pueblo? Esa es la pregunta que en Morena nadie contesta en voz alta.
Mientras tanto, la alcaldesa Ana Paty Peralta sigue jugando a mantener la estabilidad, aunque el desgaste ya se nota en las calles. Entre baches e inseguridad, la luna cancunense ya no se ve tan romántica como en los perfiles de algunos funcionarios municipales.
En este tablero, Mara Lezama no suelta ni una ficha sin revisar la jugada. Si Sanén tiene posibilidades, será porque ella lo decida. Y en eso, la gobernadora no improvisa: premia la lealtad, pero exige resultados.
Por ahora, Sanén cumple ambos requisitos. No ha hecho olas, no ha roto filas y mantiene una imagen institucional que no incomoda ni en Palacio de Gobierno ni en el Comité Estatal de Morena.
Decir que Jorge Sanén será el candidato natural a la presidencia municipal de Cancún es, por ahora, una hipótesis útil, porque si algo enseña la historia política de este estado es que los “naturales” suelen caerse a mitad del camino… o los descarrilan desde dentro.
Sanén es un jugador paciente, que avanza una casilla a la vez, sin ansiedad ni soberbia. Y eso, en los tiempos de los TikTokers de la política, ya es una rareza.
Por esto, es determinante… al menos en la versión que se vende a la prensa, que a Jorge Sanén le qude claro que al final, la candidatura de Cancún no se ganará con discursos ni encuestas amañadas, sino con el pulso del poder real. Y ahí, don Jorge ya lleva ventaja: sabe moverse entre los pasillos, callar cuando todos gritan y asentir cuando otros se tropiezan con su propio ego.
Así que no lo subestimen.