El Gato Maya

La Fiesta de la Cancha Maya: identidad viva frente a la modernidad que olvida

Por Luis Mis

En tiempos donde el turismo y la modernidad amenazan con devorar las raíces más profundas de Quintana Roo, la Fiesta de la Cancha Maya celebrada en Tulum emerge como un recordatorio de que la cultura no es un adorno folclórico: es el alma misma de los pueblos.

La gobernadora Mara Lezama Espinosa, acompañada de dignatarios mayas, autoridades y familias, encabezó esta ceremonia ancestral que, más allá del protocolo, simboliza la resistencia de un pueblo que ha sabido mantener su identidad pese a siglos de marginación, explotación y olvido.

“La Fiesta de la Cancha Maya es un encuentro con nuestras raíces… un espacio donde la tierra, la memoria y la esperanza se abrazan”, expresó la mandataria en el centro ceremonial. Y sí, en esas palabras hay una verdad que rebasa el discurso político: la cultura maya no sobrevive gracias al Estado, sino a pesar de él, sostenida por la fe, la palabra y la memoria de los propios pueblos.

El dignatario Nicasio Canché recordó que es la primera vez que un gobernante llega al inicio de la temporada de cosecha. No es un detalle menor: el gesto político adquiere valor simbólico cuando se traduce en presencia y reconocimiento. Los pueblos originarios no piden caridad, piden respeto; no exigen homenajes, sino participación real en las decisiones que afectan su territorio y su futuro.

Durante la ceremonia, la gobernadora habló de un gobierno “humanista y con corazón feminista”, de un “Nuevo Acuerdo por el Bienestar y Desarrollo de Quintana Roo” que busca incluir a todos. Sin embargo, la verdadera inclusión no se decreta desde el poder: se construye desde abajo, escuchando a quienes por siglos han sido silenciados por el ruido del progreso.

El pueblo maya ha sido el guardián silencioso de la memoria, el que siembra sin destruir, el que agradece antes de tomar, el que enseña que la tierra no se posee, se comparte. En un estado donde la especulación del suelo y el turismo masivo amenazan con borrar la historia, la Fiesta de la Cancha Maya se convierte en un acto de resistencia cultural, en una manera de decir: “seguimos aquí”.

Por eso, más allá de los discursos, esta fiesta representa algo más profundo: la posibilidad de reconciliarnos con lo que somos. Porque no hay transformación verdadera sin raíces, ni futuro posible sin la voz de los pueblos que han resistido el olvido.

Que la Cancha Maya siga siendo ese punto de encuentro donde el pasado y el presente se abrazan, donde la cultura no se exhibe, sino que se vive, y donde la identidad no es un souvenir, sino una manera digna de existir.

Tendencias