El Gato Maya

El PAN en Quintana Roo: golpes, gritos y la agonía de un partido en ruinas

Por Luis Mis – Gato Maya🐾

Lo ocurrido este domingo en Chetumal es el síntoma de un partido que se desmorona. El Partido Acción Nacional (PAN), que alguna vez presumió ser referente de democracia interna y de contrapeso frente al poder, hoy exhibe sus miserias en público: golpes, gritos, insultos y familias peleando por candidaturas como si fueran herencias personales.

En la elección interna de Othón P. Blanco, Germán González Pavón —secretario general panista sin funciones claras— y su hijo Emiliano desataron un zafarrancho que pasó de los empujones a los puñetazos. Testigos relatan que todo comenzó con burlas e insultos de Emiliano contra militantes que exigían su derecho al voto. La reacción de su padre fue aún más brutal: una patada y un golpe directo a un compañero de partido.

Lo más indignante es que lejos de calmar los ánimos, los González alimentaron la violencia en un proceso que, en teoría, debía fortalecer la vida democrática del blanquiazul. Detrás de esta disputa hay un nombre que lo explica todo: Guadalupe González, esposa de Germán, a quien intentan imponer como presidenta del comité municipal. El clan familiar busca el control del partido, no con argumentos ni propuestas, sino con intimidación física.

La sangre, literalmente, llegó al río. Lo que debió ser una asamblea terminó como un ring político donde el único perdedor fue el propio PAN. ¿Qué confianza puede despertar un partido que presume ser alternativa de gobierno, pero que en sus entrañas no puede resolver diferencias sin golpes?

Para colmo, Germán González se victimiza. Culpa a un diputado local y a su familia de la agresión, mientras niega las acusaciones de convertir al PAN en un negocio personal. Es el guion repetido de siempre: nadie asume responsabilidades, todos culpan a los otros, y la violencia se normaliza como método de control político.

La dirigencia estatal, encabezada por Reyna Tamayo, guarda un silencio cómplice. El PAN está hundido en la peor de sus crisis, entregado a intereses particulares, incapaz de ganar elecciones y fracturado por luchas internas que rayan en lo vergonzoso.

La escena de este domingo debería ser el parteaguas, pero probablemente quedará como una anécdota más en la decadencia de un partido que perdió brújula, valores y autoridad moral. Si un partido no puede garantizar paz ni respeto en su vida interna, ¿qué puede ofrecer a la ciudadanía?

El PAN en Quintana Roo está dando sus últimos manotazos. Y ya no son políticos: son golpes literales.

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