En tiempos donde los pequeños productores enfrentan enormes dificultades para colocar sus productos, la Feria Agrícola y Comercial de Lázaro Cárdenas se convierte en un ejemplo claro de que sí se puede construir un puente entre el campo, la ciudad y hasta el sector turístico.
La iniciativa del presidente municipal Nivardo Mena, al inaugurar una nueva edición de esta feria en Kantunilkín, no solo es un acto protocolario: es un mensaje político y social que vale la pena subrayar. Apostar por estos espacios es reconocer el valor de quienes trabajan la tierra, de quienes transforman con sus manos la miel, la artesanía, los injertos, los alimentos frescos y las creaciones que son parte de nuestra identidad.
Lo valioso de esta feria es que el productor vende directo al consumidor, sin intermediarios que encarezcan el producto y sin cadenas de distribución que, muchas veces, terminan dejando al campesino con la menor parte de la ganancia. Aquí la economía se democratiza: el agricultor, el apicultor, el artesano y el emprendedor encuentran un canal justo, y las familias acceden a precios accesibles.
Más aún, la visión de llevar este modelo hasta la isla de Holbox, para que los restauranteros y prestadores de servicios turísticos adquieran insumos frescos y locales, es un acierto. En un destino que se nutre del turismo internacional, introducir el consumo de lo producido en las comunidades vecinas no solo fortalece la economía rural, sino que también potencia el valor de lo auténtico como atractivo turístico.
El testimonio del artesano Alberto Solano Morales, agradeciendo al Ayuntamiento por abrir estos espacios, refleja lo que debería ser una política pública permanente: generar condiciones para que la riqueza que producen nuestras comunidades se quede en ellas y, al mismo tiempo, beneficie a toda la sociedad.
En un mundo donde las grandes cadenas comerciales dominan la oferta, experiencias como esta feria nos recuerdan que otra economía es posible: una donde el consumo responsable y el apoyo mutuo se convierten en la base de un desarrollo más justo.
La feria agrícola y cultural de Kantunilkín no es solo un evento, es una semilla de esperanza sembrada en el corazón de Quintana Roo.
Dependerá de la constancia y la voluntad política que esta semilla se convierta en un árbol fuerte y frondoso, capaz de dar frutos para todos.
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