Lunes · Septiembre 14, 2026
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Vergüenza nacional: “Noroña” y “Alito” exhiben la miseria política de México

Lo sucedido hoy en la Cámara Alta no fue un debate ni una discusión política. Fue una vergüenza nacional. Gerardo Fernández Noroña y Alejandro “Alito” Moreno se liaron a empujones y manotazos en plena sesión, con el himno nacional de fondo, como si los símbolos patrios fueran mer

Vergüenza nacional: “Noroña” y “Alito” exhiben la miseria política de México
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Lo sucedido hoy en la Cámara Alta no fue un debate ni una discusión política. Fue una vergüenza nacional. Gerardo Fernández Noroña y Alejandro “Alito” Moreno se liaron a empujones y manotazos en plena sesión, con el himno nacional de fondo, como si los símbolos patrios fueran mero ruido de fondo en su pleito personal.

Lo que presenciamos no es un hecho aislado, es la consecuencia directa de la degradación moral de la política mexicana. Noroña, con su estilo bravucón, burdo y grotesco, terminó por confirmar que su única aportación a la vida pública es el escándalo. Y Moreno, el cacique priista reciclado que se vende como opositor, mostró que su oficio político no llega ni a la diplomacia de un velador de barrio.

Ambos son la síntesis perfecta del fracaso institucional: políticos que se dicen representantes del pueblo, pero que en realidad usan las curules como trampolín personal, sin respeto a la investidura ni al cargo. La tribuna se transformó en ring y los trabajadores del Senado en víctimas colaterales de su circo.

¿Cómo exigir respeto ciudadano a la ley, si los propios senadores la violan en vivo y a todo color? La democracia se desmorona cuando quienes deberían ser ejemplo se comportan como pandilleros de esquina.

Más grave aún: Morena y la oposición se desentienden. Mientras el oficialismo protege a Noroña bajo el manto de la “disciplina partidista”, la oposición se aferra a “Alito” Moreno como si fuera un líder respetable, cuando su trayectoria está marcada por la corrupción y la manipulación. Es decir: ambos bloques están podridos.

La política mexicana quedó reducida hoy a lo que vimos en pantalla: dos personajes que no discuten ideas, sino que reparten insultos y golpes. Y mientras ellos se exhiben en la arena del ridículo, el país sigue hundido en violencia, pobreza y desconfianza.

Si los senadores son boxeadores frustrados, que se inscriban en la Arena México. Pero que no usen el Senado para degradar lo poco que nos queda de República 