Lunes · Septiembre 14, 2026
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La CROC bajo sospecha: poder manchado por un crimen sin justicia

Lo ocurrido en la conferencia de prensa de Isaías González Cuevas, dirigente nacional de la CROC, no debe verse como un simple acto informativo. Fue, en realidad, una jugada política para intentar mantener el control en medio de una tormenta de señalamientos que ponen en entredic

La CROC bajo sospecha: poder manchado por un crimen sin justicia
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Lo ocurrido en la conferencia de prensa de Isaías González Cuevas, dirigente nacional de la CROC, no debe verse como un simple acto informativo. Fue, en realidad, una jugada política para intentar mantener el control en medio de una tormenta de señalamientos que ponen en entredicho no sólo a su liderazgo, sino a la propia credibilidad de la central obrera.

González respondió a las acusaciones de Salvador Ramos Bustamante —fundador de la CROC en Quintana Roo— no con datos ni con argumentos sólidos, sino con descalificaciones personales. Lo llamó “viejo chocheando” e “hijo maltratado”, tratando de desacreditar la voz de quien lo acusa de ser el autor intelectual del asesinato de Mario Machuca. Esa reacción, más que aclarar, proyecta la imagen de un sindicalismo que se defiende con insultos y no con pruebas.

El dirigente anunció que denunciará a Ramos por “daño moral”. Pero lejos de interpretarse como un paso hacia la transparencia, la jugada parece más un intento de sofocar voces incómodas que de enfrentar las acusaciones. La política sindical, en este caso, se muestra como una arena donde la verdad se diluye entre pleitos personales y estrategias de desgaste.

González también reveló que ocho de sus colaboradores en Cancún ya fueron llamados a declarar, aunque él no ha sido requerido por las autoridades. Admitió que cuenta con protección y teme por su integridad física, un dato que retrata la crudeza del contexto: liderazgos sindicales convertidos en objetivos en un país donde la violencia no respeta ni siglas ni cargos.

Pero lo más significativo es lo que no dijo. Guardó silencio sobre el posible móvil del crimen. Y es ahí donde se asienta la mayor sospecha. Versiones extraoficiales hablan de millones de pesos vinculados al manejo de propinas, un tema históricamente conflictivo dentro de la CROC y que ha alimentado pugnas internas.

El trasfondo no es, entonces, una riña personal entre dos viejos dirigentes. Lo que está en juego es la legitimidad de una de las organizaciones obreras más poderosas del país, y la exigencia de que los trabajadores puedan confiar en un sindicalismo libre de corrupción y de sangre.

Mientras la justicia no avance con procesos claros y resultados contundentes, cualquier palabra de Isaías González seguirá pesando menos que el silencio de una verdad que no termina de salir a la luz.

Por ahora, el Comité Ejecutivo Nacional de la CROC asumirá el control en Quintana Roo, tal como ya ocurrió en el pasado tras la expulsión de Salvador Ramos Bustamante. Una medida que confirma que, cuando la crisis toca a las puertas del sindicalismo, la respuesta no es democratizar, sino centralizar el poder en la cúpula.