En una escena que parecería salida de una tragicomedia política, el senador Alejandro “Alito” Moreno ha presentado una denuncia formal contra una larga lista de figuras de Morena, incluido el expresidente Andrés Manuel López Obrador. ¿La acusación? Presuntos vínculos con la delincuencia organizada. ¿El contexto? Justo cuando la Fiscalía de Campeche solicita el desafuero del propio Moreno por el desvío de más de 83 millones de pesos.
Es inevitable preguntarse: ¿la justicia se está aplicando o se está negociando? ¿Quién persigue a quién? ¿Y a nombre de qué causas?
No se trata de defender a uno ni condenar al otro, sino de observar con lupa el deterioro profundo del debate público y el uso político de las instituciones. En México, la justicia parece más un instrumento de revancha que un proceso para restablecer la verdad.
Alito lanza acusaciones explosivas —contra Adán Augusto López, Mario Delgado, Layda Sansores, Andy López Beltrán, entre otros— mientras él mismo está bajo fuego. La política mexicana se parece cada vez más a un circo de acusaciones cruzadas donde nadie se salva y nadie responde con pruebas concluyentes, solo con filtraciones, ruedas de prensa y arengas teatrales.
Las denuncias, en este contexto, ya no significan esperanza de justicia, sino instrumentos de desgaste mediático. La ciudadanía, mientras tanto, queda atrapada entre la incredulidad y el hastío.
¿Dónde está el interés real por el país? ¿Por qué se usa el dolor de la violencia y la tragedia de la inseguridad como argumento político y no como motivo de acción conjunta?
México necesita algo más que gritos desde la tribuna. Necesita un sistema de justicia autónomo, una oposición ética y un oficialismo humilde. Lo que vemos, en cambio, es una guerra por el control del discurso y el poder, donde cada bando trata de gritar más fuerte que el otro, mientras la gente sigue contando muertos, desaparecidos y promesas rotas.
El verdadero enemigo no está solo en el partido contrario, sino en la podredumbre del sistema, en la falta de autocrítica, en el uso de la justicia como espada y no como balanza.
Seamos claros: si hay pruebas contra políticos de Morena, que se investiguen y se sancionen. Pero también, si Alito Moreno tiene cuentas pendientes, que las enfrente. De lo contrario, esto no es justicia: es espectáculo.
Y México, francamente, ya está cansado del show
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