Lunes · Septiembre 14, 2026
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Cancún bajo amenaza: una narcomanta y muchas advertencias ignoradas

Lo que sucedió la tarde del sábado en el fraccionamiento Alejandría no es sólo una amenaza, es una bofetada pública a la institucionalidad de Cancún. Una narcomanta —colgada en plena luz del día, frente a una escuela— advierte que si Jaime Padilla Barrientos no renuncia como titu

Cancún bajo amenaza: una narcomanta y muchas advertencias ignoradas
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Lo que sucedió la tarde del sábado en el fraccionamiento Alejandría no es sólo una amenaza, es una bofetada pública a la institucionalidad de Cancún. Una narcomanta —colgada en plena luz del día, frente a una escuela— advierte que si Jaime Padilla Barrientos no renuncia como titular de la Secretaría Municipal de Seguridad Ciudadana y Tránsito, “harán de la ciudad un cochinero”. 

¿Más todavía? ¿Hasta dónde más nos van a llevar la negligencia, la impunidad y la arrogancia de las autoridades?

Ya lo habíamos advertido. Jaime Padilla no es una figura limpia, ni mucho menos confiable. Su paso por la Fiscalía como director de la Policía de Investigación de la zona norte estuvo marcado por señalamientos, sospechas y relaciones turbias con personajes del submundo criminal. Hoy, como si nada, se le coloca al frente de la seguridad de una ciudad rota por la violencia, atravesada por la corrupción y abandonada por el gobierno.

La colocación de esta manta no es un hecho aislado: es un síntoma más de un poder paralelo que opera con total impunidad en Cancún. Un sujeto llega en motocicleta a las 5:20 de la tarde y cuelga una amenaza de muerte y terror. ¿Y la policía? ¿Y las cámaras? ¿Y la respuesta inmediata? Nada. Silencio. Omisión. O peor aún: complicidad.

Es indignante que las decisiones en materia de seguridad pública sigan tomándose como si Cancún fuera un botín político y no una ciudad que clama por paz. ¿Quién protege a Jaime Padilla? ¿Por qué insistir en colocarlo en un cargo tan delicado cuando su presencia pone en riesgo no solo la gobernabilidad, sino la vida de los ciudadanos?

La amenaza fue directa, vulgar y brutal. No sólo contra Padilla, sino contra toda la ciudadanía. “Haremos de la ciudad un cochinero”, advierte la manta. ¿Y qué han hecho las autoridades? Absolutamente nada. ¿Qué más hace falta para que reaccionen? ¿Que haya sangre en las calles? ¿Que las escuelas cierren por miedo? ¿Que los ciudadanos se acostumbren a vivir bajo amenaza?

Cancún está atrapado entre el cinismo del poder y el terror del crimen organizado. Y lo más grave es que a nadie en el gobierno parece importarle. Se juega con fuego y se expone a toda una ciudad por proteger a figuras desgastadas, señaladas y peligrosas.

Hoy más que nunca, Cancún necesita una limpia real, profunda y sin simulaciones. Basta de proteger a operadores políticos disfrazados de jefes de seguridad. Basta de jugar con la vida de los ciudadanos. Y basta de hacernos los ciegos ante el narcogobierno que, poco a poco, se instala frente a nuestros ojos.

Porque si la única respuesta institucional a esta narcomanta es el silencio, entonces el “cochinero” no lo harán los delincuentes. Ya lo han venido haciendo, día a día, las propias autoridades.