Lunes · Septiembre 14, 2026
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Escuchar, orientar y acompañar: el primer paso hacia una vida libre de adicciones

En tiempos donde la juventud carga con tantas presiones, distracciones y heridas silenciosas, tener un espacio donde alguien escuche sin juzgar y acompañe sin imponer puede ser la diferencia entre perderse… o comenzar a encontrarse. Eso es lo que ocurre todos los días en la Unida

Escuchar, orientar y acompañar: el primer paso hacia una vida libre de adicciones
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En tiempos donde la juventud carga con tantas presiones, distracciones y heridas silenciosas, tener un espacio donde alguien escuche sin juzgar y acompañe sin imponer puede ser la diferencia entre perderse… o comenzar a encontrarse.

Eso es lo que ocurre todos los días en la Unidad de Atención 232 del Instituto Municipal contra las Adicciones (IMCA) en Cancún. Allí, cada sesión terapéutica no es solo una cita en una agenda: es un puente, una oportunidad, una esperanza. Es el momento en que un joven puede al fin bajar la guardia y decir: “no puedo solo”.

En este lugar, las heridas emocionales se abordan desde el cuidado, no desde el castigo. Se ofrece atención psicológica individual, grupal y familiar con un enfoque integral, cercano y profundamente humano. Porque las adicciones no surgen en el vacío: tienen raíces en historias, silencios, duelos y realidades que no siempre se ven.

Durante una de esas sesiones, Alberto Ortuño, director del IMCA, y Jorge Rivero, director general de Juzgados Cívicos de Benito Juárez, sostuvieron un espacio íntimo de diálogo con adolescentes, madres y familiares. Escuchar fue el centro de todo.

Se habló con honestidad. Sin adornos ni frases vacías. Se reconoció que seguir un proceso terapéutico no siempre es fácil: duele, confronta, exige. Pero también libera. Porque las adicciones no solo afectan al que las vive, también sacuden a todo su entorno. Y porque sanar no es cuestión de voluntad individual, sino de acompañamiento, paciencia y red.

En palabras sencillas, se reforzó un mensaje poderoso: Las adicciones no se enfrentan solos. Ni los jóvenes, ni las familias. Nadie tiene que caminar este camino sin apoyo.

Gracias al trabajo coordinado con el Centro de Retención para Menores, más adolescentes están accediendo a procesos que no buscan castigar su historia, sino ayudarles a reescribirla.

Sí, es verdad: el cambio no ocurre de un día para otro. Pero también es cierto que el futuro comienza cuando alguien se atreve a confiar, pedir ayuda y dar ese primer paso.

Y cuando un joven empieza a sanar, no sólo cambia su vida. Cambia también la de su madre, su padre, sus hermanos… su comunidad entera.

En medio de un mundo que muchas veces margina y olvida, espacios como el del IMCA nos recuerdan algo esencial: prevenir es cuidar, y cuidar es un acto profundo de amor humano.